miércoles, marzo 04, 2009

De un amigo a otro

El domingo pasado, día de elecciones, hubo un suceso que, al menos para quien suscribe, eclipsó la jornada electoral vasca y gallega, y ese fue la noticia de la muerte de Pepe Rubianes. El humorista y director teatral abandonaba este mundo a la pronta edad de 61 años. Sin duda lo haría con una sonrisa en la boca y un corte de mangas. Porque si algo era Rubianes era transgresor, avanzado a su época, obsceno, soez, genial en definitiva. Y es que era el único artista que lograba que los tacos sonaban bien en escena. Un humor personal, casi autobiográfico, y que supone una afrenta a la dura infancia que le tocó pasar.

Desgraciadamente siempre quedan aquellos que le guardan rencor e incluso le odian por algunas declaraciones suyas en principio desafortunadas pero que ocultan una gran verdad. Allá ellos. Yo me quedo con el sentido homenaje que su amigo Andreu Buenafuente le brindó el pasado lunes. Por mucho que quisiera disimular, Buenafuente conservó la entereza pero la emoción le tenía agarrado de pies a cabeza.


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