jueves, septiembre 30, 2010

Machete: Vidas macarras

Que nadie se lleve a engaño. Robert Rodriguez no es un gran director de cine, no se le conoce película alguna de provechosa trascendencia emocional, reflexiva o intelectual. Rodriguez es la vena más salvaje y desprejuiciada de Tarantino, un privilegiado que rueda el tipo de películas que él adora y profesa una extrema devoción, sentimiento que es compartido por gran parte del público, ávido de recibir elementos primarios en el ser humano, esto es, violencia y sexo.

La anterior propuesta de Rodriguez, Planet terror, desconcertó a unos y encandiló a otros, ya que exhibía un nostálgico desfile de casquería de aparente bajo presupuesto con el que era difícil no comulgar y compartir una cercana simpatía o, al menos, esbozar una sonrisa por lo absurdo y exagerado de su apuesta. Si la gallina sigue dando huevos de oro, era lógica su explotación, y así parece resurgir un género, el del Grindhouse, que hoy destaca más por sus planteamientos cómicos que por su calidad global. Nada parece tomarse en serio en "Machete", desde su puesta en escena, pasando por el efecto de película desgastada, las interpretaciones sobreactuadas de los personajes, sus personajes planos y carentes de carisma alguno, (especialmente los femeninos, meros objetos de deseo) su guión plagado de convencionalismos y falta de chispa y del que no difiere en absoluto de las infames obras protagonizadas por Chuck Norris, aunque con tendencia ideológica y política totalmente opuestas. "Machete" no es más que una sucesión de set pieces de acción, en la que sorprende el humor negro y la ocurrencia compositiva de las primeras, entre las que se intercalan secuencias de diálogo anodino, y que no consigue evitar su autoagotamiento, una desquiciante capacidad de magnetismo y un prolongado declive a partir del ecuador de su metraje, desembocando en un final risible y falto de todo rigor  y epicidad. Ni siquiera las ínfulas del spaghetti western, las artes marciales y el espíritu televisivo consiguen hacer levantar cabeza a un producto que, a pesar de su descaro y de su pretendida simpatía por su intencionada defectuosidad, asiste a un desgaste progresivo que hace del chiste una broma de mal gusto. 

"Machete" supone un divertimento de puertas para adentro, una broma interna para deleite de viejas glorias, almas en pena y amigos íntimos de Rodríguez, donde la hipérbole, la chulería y el cachondeo suplen al guión tradicional. Incluso el aire crítico que respira el film, con el trágico tema del surgimiento de un brote xenófobo en EE.UU. por la inmigración ilegal y las propuestas de leyes contra el éxodo mejicano quedan en un segundo plano ante la pericia del protagonista en su mayor arte, el del desmembramiento y la aniquilación. Lo cutre y la caspa están de moda, tras "Los mercenarios", llega este "Machete" dispuesto, según las palabras del mismo personaje que interpreta, a "sacar la basura". Quizás debería empezar por su casa.

Carancho: Reparto de migajas

Hasta la fecha, el realizador argentino Pablo Trapero se ha caracterizado por destilar un cine cargado de crítica y denuncia social, así como un descriptivismo mordaz de los más bajos instintos de la condición humana. "El bonaerense" o "Leonera" dieron buena cuenta del talento de un director que ha sabido conectar con el espectador por un lado mediante la agilidad del ritmo impreso en su obra y, por otro, demostrar sus capacidades expositivas y su valía en aspectos puramente técnicos. 

"Carancho" supone otra hendidura en la llaga de la crueldad humana, del provecho económico gracias al sufrimiento ajeno, una inmersión a un submundo plagado de aves de rapiña dispuestos a sacar rédito de la desesperación y el abatimiento humanos. Trapero denuncia, con extraordinaria y milimétrica dedicación, un complejo y vergonzante entramado donde individuos con pocos escrúpulos actúan al margen de la legalidad y de sentido racional y moral alguno, mediante un discurso fluido aunque no siempre provisto del suficiente interés. Así, "Carancho" sube enteros cuando se enfrenta a esa bajeza moral y a profundizar sobre el tema de fondo, la trama que se cierne sobre el rentable negocio de los accidentes de tráfico, pero se deshincha en algunas bifurcaciones narrativas, pecando de previsibilidad y recursos tópicos en ese ambiente malsano que rodea este thriller. Afortunadamente, estos pequeños defectos son solventados gracias a una natural y convicente labor actoral, especialmente el tándem protagonista, quienes no sólo portan el peso del devenir fílmico, sino que se muestran como personajes heridos y sufridos en situaciones límite.

Técnicamente Trapero ha evolucionado respecto a su pasado, y así no sólo usa y abusa de su tradicional oscuridad fotográfica, de aire explícito, sino que flirtea con el plano secuencia, un tanto primario, mostrando verosimilitud y agilidad a momentos puntuales del metraje, lo cual no es síntoma sino de compromiso y responsabilidad por parte de un director con bases muy asentadas y una finalidad prediseñada. Pocos peros  se pueden reprochar a una película que, sin ser de gran altura, se antoja sincera, contestataria y muy cuidada, a pesar de su exterior sordidez y su decaimiento intermitente.

viernes, septiembre 24, 2010

El gran Vázquez: Simpatía y desvergüenza

La irrupción del mundo del tebeo y del cómic en los cines no siempre, mejor dicho, pocas veces ha sido  productora de gratos resultados. Mortadelo y Filemón trataron, con mayor pena que gloria, trasladar sus peripecias aventureras a un celuloide que evidenció la abismal diferencia entre el papel y el cine. Por ello, el acierto principal de El gran Vázquez es haber empleado este universo de la tinta y el papel únicamente como instrumento vehicular del retrato de un personaje digno del mejor de las tiras cómicas. 

Santiago Segura encarna a un Manuel Vázquez despreciable como persona y genial como artista, interpretando con solvencia los pasajes cómicos, aunque evidenciando sus carencias actorales en las secuencias donde el dramatismo copa protagonismo, defectos que se ven sabiamente ocultados con el sensacional apoyo de lujo de los secundarios, destacando a Alex Angulo, Enrique Villén y Manuel Solo. El film destila encanto y simpatía a raudales, máxime con la estupenda recreación de la Barcelona del 64 donde realidad y ficción cómica van de la mano, gracias a un humor blanco, inocente y socarrón, que incita a la carcajada merced al esperpento y la desvergüenza destiladas  por el protagonista. A pesar de su soltura, la película muestra síntomas de excesivo perfilado del personaje central (toda ella es una descripción del genial dibujante), y desprende un cierto estancamiento narrativo especialmente en el último tercio de metraje, aunque estos fugaces baches son inmediatamente superados y olvidados por una genialidad cómica.

La carencia de moralidad alguna y de valores de Vázquez, a pesar de aferrarse a unos principios más que discutibles, es sin duda el punto álgido y eje central del film, donde radica el peso del mismo y en torno a él giran las distintas ramificaciones narrativas que, con mayor o menor acierto, van surgiendo sobre la marcha. Esta disgregación nos permite conocer personajes ilustres como Francisco Ibáñez, descubrir episodios reales aunque aparentemente inverosímiles del dibujante, y, por encima de todo, admirar su obra y dedicación a sus personajes de ficción. Oscar Aibar demuestra su sabiduría del particular universo del cómic (no en vano comenzó viviendo de él) y firma su mejor película hasta la fecha, que no sólo engrandece su expediente personal sino que revitaliza, aunque sea brevemente, una carrera la de la cinematografía española no precisamente boyante ni la de que presumir. 

Sin ser una comedia de altura, El  gran Vázquez hace digno honor, mediante su espíritu anárquico y desenfrenado, a los tebeos a los que todos nos hemos asomado en algún momento de nuestra vida y que debemos mostrar a generaciones presentes y futuras. Vázquez así lo habría querido (siempre que hubiese remuneración a cambio, claro).

miércoles, septiembre 22, 2010

El americano: Sangre fría

No estamos ante la primera , y muy probablemente tampoco la última, vez que la promoción y los adelantos de los largometrajes en forma de trailers provocan una concepción y unas expectativas muy desorientadas y totalmente desvirtuadas del acabado producto final. "El americano" ha sido un claro ejemplo de una manipulación en forma de montaje que ha acarreado que muchos espectadores, tras el visionado de la película, se hayan sentido altamente defraudados. Y es que hay que dejarlo claro, "El americano" no responde a los convencionalismos del thriller norteamericano, más versado en aspectos rítmicos y de acción que de perfilado psicológico y profundización introspectiva de personajes, lo que ha generado cierta sensación de desazón e incluso repulsa a un film notable, de buenas hechuras fílmicas, pero carente de personalidad propia y capacidad independiente de progresión narrativa. 

Clooney siempre se ha caracterizado por simultanear en su vida profesional de forma muy inteligente su faceta de galán hollywoodiense con un meticuloso sentido de la selección de sus papeles, a veces incluso arriesgado. "El americano" supone un reto más en su dilatada carrera, cargando con el peso de la película y acaparando toda la responsabilidad, hazaña de la que sale airoso, interpretando un personaje solitario, gélido en su interior, pero profundamente dolido y deseoso de afecto humano (femenino). Su realizador, Anton Corbijn, se aleja de los esquemas del cine norteamericano y destila un inspirado estilo europeísta a la mayor gloria de Robert Bresson, adoptando una cadencia rítmica pausada, reposada, de la que resulta una película contemplativa, distanciada y muy cuidada en aspectos formales, encarando cada plano como una diapositiva pictórica para deguste del espectador. Sin duda éste es el mayor acierto del film, amen de la introducción de bellas metáforas, como la de la mariposa que personifica al protagonista, y que engrandece la labor del director como creador. No puede decirse lo mismo de su guión, piedra angular de todo film, y que en este caso evidencia sus carencias, su flagrante vacío expositivo, y lo que es peor, sus notorios signos de incapacidad de progresión y desarrollo, que la convierten en una película con acusados síntomas de hieratismo funcional crítico y nula capacidad magnética y empática con el espectador, aunque de ello, afortunadamente, no se derive el tedio.

El resultado es un trabajo magistralmente realizado a nivel técnico, pero carente de una propuesta sólida y de suficiente atractivo para el espectador medio, y que, combinado con sus defectos en el desarrollo fílmico, hacen de "El americano" un producto elegante, distinguido, muy alejado de los convencionalismos del thriller made in USA, pero que requiere de una mayor profusión y dedicación en su aspecto puramente literario y narrativo.

jueves, septiembre 16, 2010

El cine francés se queda huérfano sin Chabrol

El fallecimiento del que fue apodado como "el Hitchcock francés" ha causado una gran conmoción en el pais vecino, ferviente devorador de su propia cinematografía. No soy amante de repasar la vida y obra de aquellas personas que ya nos han dejado, para eso están los libros de cine y las biografías autorizadas, por lo que tan sólo apuntaré lo más importante de un muy productivo realizador que, a pesar de su irregularidad, consiguió meterse al público y a la crítica en el bolsillo gracias a su inspiración creativa y a su buen hacer, y eso es su trabajo, su cine. 

Chabrol elevó a los altares a la grandísima actriz que hoy es Isabelle Huppert, pero también contó con otras intervenciones de peso como las de Jean Louis Trintignant, Jean Paul Belmondo, Anthony Perkins y Jodie Foster, en una filmografía muy variada en cuanto a concepción y género. Bien es cierto que no siempre ha sido brillante, pero, sin haber abarcado toda su obra, puedo decir que no he conocido film alguno firmado por el cineasta galo que no reúna los mínimos exigibles de calidad. Cine de personajes, de actores en estado puro, de situaciones, conflictos y enfrentamientos, de inspiración teatral y de muchos, muchos quilates. Gracias por el chocolate, y por tu cine, maestro.



lunes, septiembre 13, 2010

Todo lo que tú quieras: Lecciones de paternidad

Achero Mañas se caracteriza por ser un director joven, prometedor, y que si cuenta con una corta filmografía no es, desde luego, por falta de dedicación o inspiración creativa, sino porque, como bien él mismo ha manifestado, necesita situarse tras la cámara cuando realmente está preparado y cuando dispone de algo que contar con el suficiente interés y atractivo. Tras la deslumbrante "El bola" y la incomprendida "Noviembre", el director madrileño vuelve a indagar en las interioridades humanas, hurgando en las fisuras de las relaciones sociales y personales, a través de ricas metáforas precisas en su planteamiento, aunque no tanto en su ejecución y desarrollo.

"Todo lo que tú quieras" deja en manos de Juan Diego Botto una responsabilidad que pesa como una losa, y esta es la de interpretar un doble rol, el de padre y el de madre, mediante un burdo acto de transformismo, con el único fin de tratar el shock psicológico que su hija pudiese sufrir tras haber sido testigo de la pérdida de su madre. Afortunadamente, las tablas del actor hispano-argentino salen a relucir y es él quien dirige magistralmente la acción de la película, un tanto arrítmica y falta de contenido en algunos momentos, pero siempre interesante y complaciente. Mañas trata de eludir con acierto la lágrima fácil, el exceso de dramatismo y la búsqueda del espectador, componiendo un relato sensible y emotivo a la par que crítico con la hipocresía social y los innatos prejuicios de la especie humana. Realidad y transformación se dan la mano en un texto que, si bien adolece de cierta falta de pulso, de un hieratismo intermitente y una ingenuidad incluso infantil, deja claro sus postulados y su mensaje catalizador. 

Sí se esperaba algo más de esmero en el aspecto técnico, pues el realizador madrileño abusa demasiado del formato televisivo, especialmente en la primera fase del metraje, resultando un montaje un tanto automático, y al que no ayuda la apagada fotografía, grisácea y de tonos oscuros, a la que cuesta acostumbrarse. Sorprende, por otro lado, aunque sin demasiados alardes, la partitura de Leiva, componente del grupo pop Pereza, especialmente en un par de temas donde subraya con precisión la emotividad latente que desprenden las imágenes.

Achero Mañas ha demostrado, y lo sigue haciendo, ser un director digno de elogio, por sus propuestas distantes de la corriente arquetípica en el cine español, y en "Todo lo que tú quieras" vuelve a ponerse el disfraz de realizador contador de historias cotidianas, familiares, profundas, sinceras y sentidas. Películas con mucho corazón, esfuerzo y sentimiento, irregulares, sí, imperfectas, también, pero humanas. 

miércoles, septiembre 08, 2010

Conocerás al hombre de tus sueños: Mero trámite

A estas alturas, considero que Woody Allen ha demostrado con creces que su forma de encarar y ejecutar sus proyectos dista mucho de aquella que le otorgó fama, reconocimiento y, ante todo, respeto entre la masa cinéfila. La sobrecarga de trabajo a la que voluntariamente se somete el autor neoyorquino, consistente en escribir, sin descanso alguno, una película por año, acarrea las lógicas consecuencias de una irregularidad que, por momentos ha devenido en síntomas críticos y fatales de falta de identidad e inspiración, a la vez que ha devuelto fugaces amagos de recuperación del mejor Allen. El director ha visto en Europa un refugio donde es acogido con mimo y adoración, y así ha conseguidoi(fácilmente) rodearse de productores ejecutivos del viejo continente (uno de ellos el mismísimo Jaume Roures) quienes le conceden plena libertad creativa de un modo casi podríamos decir que servilista, algo que el espectador, seguidor de la filmografía de Allen, agradece.

La propuesta anual que nos ofrece Woody Allen ahonda en el retrato que magistralmente éste hace de las relaciones de pareja, de las crisis matrimoniales, del desgaste rutinario, de la falta de apasionamiento, de la necesidad del cariño y la complicidad humanas, y de valorar las cosas sólo cuando las hemos perdido. "Conocerás al hombre de tus sueños" juega con la comedia, pero sólo en momentos puntuales, flirtea con la socarronería y la acidez innatas de Allen, apostando por un contexto dramático de unas vidas erosionadas y con escasas expectativas futuras. No faltan los dardos críticos que en esta ocasión impactan en la figura del hombre, un ser en estado de evolución, guiado por puros sentimientos sexuales y del que mismo Allen se muestra avergonzado. 

El realizador vuelve a demostrar su pericia a la hora de dirigir actores y situaciones, afrontando una historia coral, dispersa en sus ramificaciones individuales pero que bebe de una fuente común. alcanzando cotas máximas de consecución y savoir faire el relato central protagonizado por Naomi Watts y Josh Brolin. En cierto modo se le puede achacar una cierta falta de encaje y cierre de las historias particulares, dejando en el aire y al arbitrio del espectador su resolución, pero probablemente ni Woody Allen ni nadie supiese resolver estas cuestiones vitales. Allen supera airoso su examen anual con una película que no evoca en absoluto, ni tampoco lo pretende, a su pletórica etapa pretérita, pero invita a la reflexión y apunta elementos de interés dentro de la triste cotidianeidad sin perder un ápice de su personalidad.