miércoles, abril 23, 2008

Elegy : Jugando a ser Bergman



Lo siento, he de reconocerlo, no puedo con Isabel Coixet. Después del colapso que me produjo ver "La vida secreta de las palabras", película sobrevalorada donde las haya y cargante hasta la extenuación en su primera hora de metraje, aún he podido reunir fuerzas y ánimo suficiente para ir a ver su última película (la primera de encargo), Elegy. Y eso que el tándem Ben Kingsley - Dennis Hopper auguraba unos niveles respetables de calidad, al menos en lo que a nivel interpretativo se refiere (nótese que he obviado la presencia de Penélope Cruz).

Respeto a los defensores del cine de Coixet, pero su cine me supera. No puedo con la chica de los anuncios de compresas, con su excesivo discurso filosófico y ultrapoético, que va de transgresor y de removedor de conciencias y sentimientos, y finalmente se queda en un vacío cinematográfico y unos discursos pedantes de aires existencialistas que convergen siempre en el mismo punto : el miedo a la muerte y la imposibilidad de volver al pasado. Da igual quien integre el reparto de las películas de Coixet, porque siempre hará la misma película, y es que tanto "Mi vida sin mí", que tan buenos resultados de crítica le dió, como "La vida secreta de las palabras" y esta Elegy versan sobre absolutamente lo mismo y han sido elaboradas con el mismo molde.

No puedo con el ritmo al ralentí que imprime Coixet en sus películas, donde nada ocurre, y ni siquiera se intuye. El recurso del silencio cinematográfico es absolutamente desaprovechado, y no basta únicamente con enfocar unos personajes pensativos, melancólicos y nostálgicos a ritmo de Satie para hacer cine, hay que contar algo, o al menos transmitir sensaciones al que está al otro lado de la pantalla, cosa que Elegy, de nuevo, no logra.

No me confundan, no apuesto por la acción y el ritmo frenético, ni mucho menos. Apuesto por trasladar un texto literario a la pantalla e imprimirle lenguaje cinematográfico, darle vida, y eso lo hacía muy bien Ingmar Bergman, quien con pocos personajes y mucha sabiduría cinematográfica y filosófica sabía combinar el cine con los sentimientos y el discurso existencialista. Y si no, por favor, vean "Gritos y susurros", de la que Elegy trata de ser una imitación y se queda en un burdo intento. Aun así, le daré otra oportunidad a Coixet en su siguiente proyecto.

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