miércoles, noviembre 14, 2007

¿Quién le ha cortado la lengua a Redford?


Martes 13 de noviembre, 17:50 hrs. Me dispongo a asistir a un programa doble cinematográfico, de esos que tanto me gustan. El menú es muy apetecible : primero la última propuesta de Robert Redford tras siete años sin dirigir, "Leones por corderos"; y después "Elizabeth : La edad de oro", todo un lujo de factura técnica, vestuario, música de corte épico y lección interpretativa de Cate Blanchett. Pero una vez acabada la proyección de la estupenda Elizabeth, mi maquinaria cerebral sólo gira en torno a la película de Redford, cuestionándose el por qué de un discurso tan suave e inofensivo ante un texto que daba para una mordaz crítica. Ahora más que nunca el cine (se ve que las heridas y secuelas del 11-S ya quedan lejos) se está aproximando al tema de la guerra de Irak y Afganistán (ahí están Redacted, de Brian de Palma; "En el valle de Elah", de Paul Haggis; o "La sombra del reino", de Peter Berg), algo parecido a lo que ocurrió con la guerra de Vietnam a finales de los 70, principios de los 80 ("El cazador", Platoon, Apocalypse now o "La chaqueta metálica" son vivos ejemplos de ello), y una película con esta temática de fondo en manos de Redford, que en su filmografía siempre ha sido crítico con la política norteamericana, resultaba más que interesante. Sin embargo, y a pesar de plantear el film, de forma acertada, desde tres puntos de vista (un senador republicano, la universidad y el frente de batalla), el resultado se queda a medio camino. Cinematográficamente a la película le falta pulso y capacidad de interés, dado sus largos discursos , en escenarios únicos, y que redundan una y otra vez sobre la misma idea, lo que la hace bordear el tedio por momentos. Y por otro lado está su fragilidad moral, sus constantes atisbos de tratar de tirar la piedra para finalmente quedarse en un simple amago. Que nadie busque argumentos hirientes contra la Administración Bush, no los hay, sólo simples pinchazos con un lápiz. Redford trama un argumento antibelicista y apuesta por la educación de la juventud y su capacidad de análisis de la realidad socio-política. No me malinterpreten, no estamos ante un panfleto patriótico, ni mucho menos, sino ante un ataque con almohadas a las altas esferas y un llanto por la pérdida de valores y el desperdicio de los mejores años de nuestra vida. Lo que ocurre es que a Redford se le exige más, porque todos sabemos, tras acabar la película, que su visión es mucho más ofensiva que lo que aparenta en ella.

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