jueves, noviembre 25, 2010

Entrelobos: Naturaleza viva

En tiempos donde la apuesta por lo seguro y la escasez de ideas campan a sus anchas, no deja de ser digno de aplauso y de merecido reconocimiento que existan propuestas alternativas, a contracorriente y que, aun a costa de sufrir varapalos económicos y rechazo de la masa social, dignifiquen el mal llamado séptimo arte. Gerardo Olivares, director hasta la fecha de proyectos tan interesantes como desconocidos para el gran público como "14 kilómetros" y "La gran final", se adentra en la historia (real) de Marcos Rodríguez Pantoja, quien, por avatares del destino que la película se encarga de desvelar detenidamente, se ve obligado a vivir en plena naturaleza sin más compañía que la de la fauna que la puebla y, en especial, los lobos, con quienes entablará una cercana relación de amistad. 

"Entrelobos" se mueve con sumo acierto entre el documental naturista y el drama costumbrista, adoptando un estilo reposado y contenido que potencia los elementos técnicos, tales como la fotografía y la planificación, en detrimento de un argumento que, aunque limitado, contiene los ingredientes mínimos necesarios para lograr la satisfacción del espectador. Sin duda los mayores logros de la cinta se concentran en la elegancia y la sutileza de su director a la hora de describir el período de adaptación del protagonista en un entorno que le es hostil y cruel, logrando una perfecta simbiosis entre el ser humano y el hábitat natural. A ello ayuda, y mucho, la eficaz música de Klaus Badelt, que subraya a la perfección los momentos más emotivos que consiguen la complicidad sentimental del espectador. No obstante, a pesar de su marcado carácter transgresor y diferenciador, son más que evidentes los síntomas de carencia narrativa y de propuesta discursiva que adolece el film, lo que la condena a cierto grado de estancamiento que conlleva el lucimiento formal y no tanto el puramente literario. A pesar de todo, "Entrelobos" se sigue con agrado, con momentos de arritmia narrativa y clara sensación de intermitencia e hieratismo dramático, pero ello no empaña un resultado global notable y con un claro mensaje crítico contra la irracionalidad humana.

La propuesta de Gerardo Olivares responde a su contrastado carácter crítico y contestatario, capaz de mostrar la dureza y la crueldad a través del lirismo audiovisual, y es precisamente lo que convierte a "Entrelobos" en una película soberbia desde el punto de vista del aprovechamiento de los recursos técnicos y de acentuación de la imagen como método expresivo, aunque no se pueda decir lo mismo de sus limitaciones de guión, muy bien ocultadas por una pericia reseñable en el manejo de la cámara. 

Cine distinto, gráfico y muy visual, de corta trascendencia , pero de un poder enigmático y onírico indiscutible que profundiza en la retina del espectador cansado de ver una y otra vez los mismos clichés de género. Aires renovados y talento al servicio de la técnica que contrastan con la necesidad de recurrir a la imagen de Juan José Ballesta como supuesto protagonista cuando no lo es realmente. La eterna confrontación entre la innovación y la aceptación social vuelve aquí a tomar forma en una cinta a reivindicar que, a pesar de sus notorias influencias ("El pequeño salvaje, "Tarzán", "Gorilas en la niebla" o "El libro de la selva" podrían ser claras fuentes de inspiración), adquiere autonomía propia y grita a viva voz la necesidad de un cine alejado de la alienación televisiva a la que se ve abocada la sociedad actual.

martes, noviembre 16, 2010

Scott Pilgrim contra el mundo: La vida es juego


Lo reconozco, me reí mucho con "Zombies party", a la que tengo un especial aprecio, y "Arma fatal", aunque por debajo de la mencionada vuelta de tuerca al género zombie, me reconcilió con la comedia, género éste en plena decadencia y flagrante maltrato en el actual panorama cinematográfico. Edward Wright ha demostrado con estas dos últimas propuestas ser un director capaz de extraer de los recovecos más convencionales y trillados puramente de género productos quizás de escaso calado entre el gran público, pero de merecido reconocimiento en circuitos minoritarios, los cuales dicen sentirse plenamente identificados con lo visto en pantalla. 

Por ello, "Scott Pilgrim contra el mundo" no podía partir de otra mente que no fuera de la de Wright, verdadero apasionado de la subcultura del cómic y de los videojuegos, ofreciendo una visión muy distorsionada y efectiva a la vez del concepto de comedia romántica juvenil que hemos venido adquiriendo a través de la experiencia cinematográfica. El film se apoya conscientemente en su apartado visual y estético, realizando un simpático y a la par nostálgico guiño a los videojuegos que cautivaron a una generación que ya ronda, si no supera, los treinta años. Por ello, no faltan las inserciones visuales de elementos arquetípicos del ocio de 8 bits, véase vidas extras, subidas de nivel, puntuaciones, barras de energía, que se combinan a la perfección con una ambientación heredera del cómic (no es casualidad asistir a constantes onomatopeyas gráficas, así como al uso de la split screen), logrando una potente y muy espectacular puesta escena, que no sólo realza estéticamente el producto sino que transmite la sonrisa al espectador, contagiado por un ataque de sentimentalismo del que no se puede desprender. A ello hay que añadirle el ritmo que Wright imprime a la película que, aunque acelerado, y especialmente en su primer tramo, responde a la narración propia de las viñetas, seca, directa y cortante, sin que su plasmación en pantalla, a pesar de resultar un tanto abrupta, desbarate el conjunto de la progresión narrativa.

No obstante, amen de la dificultad de poder empatizar con el film de aquellos que no gusten o desconozcan los temas de fondo y forma que plantea "Scott Pilgrim contra el mundo", es evidente que la fórmula, simpática y singular en sus cimientos, adolece de una lógica degradación a medida que avanza el metraje, no pudiendo sostener el interés una vez que la trama se ha deshojado por completo, pasando a ser a partir de su ecuador una briosa sucesión de combates bien coreografiados pero a los que se les evidencia en demasía su carácter autómata y complaciente. Bien es cierto que la labor de síntesis y de traslación de la vasta novela gráfica que sirve de inspiración al film ha sido ardua, pero desgraciadamente el exceso de compresión le ha pasado factura, y muy probablemente ello haya sido el causante de la linealidad y el tono monocorde que adopta su segunda mitad, sin caer en el ridículo, pero con clara sensación de no disponer de un as salvador en la manga.

Con todo, "Scott Pilgrim contra el mundo" es una propuesta alejada de los clichés de género de la comedia adolescente, estructurada y concebida a modo de fases de videojuego y que invita al espectador a un viaje por el universo pop y a disfrutar escuchando un disco de los Ramones y sentándose a los mandos de una olvidada NES. Para los que no compartan estas sanas aficiones, probablemente verán en la película unas altas de dosis de inmadurez e incapacidad social. Y tú, ¿juegas?

jueves, noviembre 11, 2010

Los ojos de Julia: Devuélveme mis dos horas

De un  tiempo a esta parte el cine español de terror se ha sobrepuesto a los clichés de género impuestos por la industria norteamericana, explotadora del psychokiller de público potencialmente teen, para tratar de aportar elementos que, sin ser nada innovadores, al menos sí se desligan de todos los convencionalismos asentados en un género tan maltratado como es el del terror. Guillem Morales destacó hace unos años con una pequeña película, "El habitante incierto" que aprovechaba al máximo la escasez presupuestaria y los recursos técnicos y narrativos para firmar un film de terror psicológico que le hizo acaparar la atención de la crítica, aunque no tanto del público, por lo atrevido de su propuesta. En su segunda película, "Los ojos de Julia", nada queda de aquel prometedor director que, en esta ocasión, lucha contra viento y marea por sacar a flote un proyecto que ni alcanza los mínimos exigibles ni logra evitar en el espectador la sensación de indiferencia, cuando no estupor, ante lo que está visionando. 

Podría destacarse las similitudes con la sobrevalorada película de Juan Antonio Bayona, "El orfanato", en lo que a aspectos técnicos y de desarrollo dramático, pero esto quizás responde más a una flagrante treta comercial que no a una cuestión estética. "Los ojos de Julia", financiada en parte por Antena 3 films (dato a tener muy en cuenta), parte de una premisa muy cuestionable, risible y que trata de imprimir premura y brusquedad a una narración que requería reposo y contención. Desgraciadamente, si los cimientos son maleables, la estructura no puede sino tambalearse hasta desplomarse y, en este caso, antes de tiempo. Morales juega con elementos archiconocidos de género, utilizando inclusos recursos claramente hithcockianos, para tratar de jugar al despiste con el espectador, a la búsqueda, aparentemente afanada y sin éxito, de un probable asesino. A pesar de los evidentes abruptos narrativos en su desarrollo, la película resulta medianamente interesante en su primer tercio, pudiendo incluso ser perdonable el hecho de reducir el leit motiv de la cinta a un par de líneas, aunque Morales abuse de los consabidos efectos de sonido, lo que dota al film de escasa efectividad dramática y una abrumadora escasez de ideas. Aún así la dirección resalta por encima del despropósito literario y la película consigue, sin apasionar, avanzar a duras penas. 

Lamentablemente la tensa cuerda que sustenta la película finalmente cede y el desplome, premonitorio, sale a relucir en su último tercio, donde el realizador rompe con lo visto hasta el momento, más orientado hacia el terror de cariz psicológico, de escaso recorrido y de bajo nivel, pero perdonable, para decantarse por un estrépito de nula calidad, vergonzante por momentos y que trata de amortizar el personaje de Belén Rueda. Así, "Los ojos de Julia" desemboca en un subproducto de sobremesa empecinado en mostrar a una protagonista acosada por un más que previsible asesino, por muchos giros que quieran dar al texto el guionista y director, sin mayores aportes que el mero "corre que te pillo" estirado hasta la saciedad, que invita a mirar desesperadamente el reloj cuando no a abandonar la sala. Guillem Morales se ha equivocado de pleno con un guión que debía haber rechazado desde sus primeros párrafos, y ni la correcta, sin alardes, labor de dirección, ni la presencia de actores como Lluis Homar o Belen Rueda pueden evitar el naufragio de una película con un alarmante vacío expresivo y unas líneas de diálogo sonrojantes. 

El personaje de Julia pierde la vista progresivamente en esta película, el espectador pierde la confianza y su capacidad de aguante físico a medida que avanza esta insufrible película que nunca llega a conseguir las cotas mínimas de credibilidad e interés. El resurgir del cine español de terror ha sufrido un doloroso vuelco con "Los ojos de Julia", ya que desgraciadamente pase a ser seria candidata para engrosar las listas de las peores películas del año, que ya se van preparando ahora que 2010 toca a su fin. Yo seré uno de los que vote por ella.