miércoles, marzo 30, 2011

Piranha 3D: Qué festín, de postín

Corría el año 1978 cuando un absoluto desconocido Joe Dante, quien a la postre iba a convertirse en un reputado director de cine fantástico, con algunas películas emblemáticas en su haber, se ponía tras la cámara por primera vez para revitalizar el apabullante éxito obtenido por Steven Spielberg con "Tiburón", aunque con unos medios mucho más modestos y una perspectiva bien distinta. "Piraña" hoy en día es recordada más por la leyenda que está detras de ella que por sus puras virtudes y su valía artística, al ser, como ya se ha dicho, el debut en la dirección de Joe Dante, el contar con un guión escrito por el mismísimo John Sayles (director independiente de reconocido prestigio) y suponer la secuela de este título la ópera prima del hoy aupado en los altares James Cameron. El film se adscribía a la serie B en su estado puro, el de la carencia presupuestaria, el desparpajo y la desvergüenza sin miramientos, pero respetando los cánones establecidos por el cine de terror de los 70, aquel que castigaba con crueldad en pantalla al ser humano y, por extensión, al espectador que asistía atónito a un espectáculo macabro fascinante y horrendo a partes iguales.

Han pasado los años y, con ellos, la forma de enfocar el cine de terror. La serie A está compuesta por cintas que poco o nada tienen que ver con la concepción clásica del terror, anclándose en la explotación escénica del slasher ávido de sangre joven y turgente, las posesiones demoníacas o el revival de películas pretéritas, mientras que la serie B ha quedado relegada a los festivales de exhibición minoritaria o a formatos de telerrealidad que fotocopian el precedente de "El proyecto de la bruja de Blair". En el caso de Piraña, sin duda fue un gusto saber que sería Alexandre Aja el encargado del proyecto, pues tanto su obra inaugural, "Alta tensión", como las posteriores, todas ellas remakes, iban más allá de la mera revisión con fines netamente alimenticios, sino que imprimía a sus películas una admiración y respeto por el original evidentes y, por ello, plausibles.

"Piraña 3D" vuelve a ser aquella película desvergonzada, caótica e insustancial como lo fue su predecesora, pero actualizado a tiempos modernos, donde la pérdida de valores se ha tornado más evidente y palpable, la sociedad del carpe diem es una constante vital y la alienación y degradación socio-cultural se ha convertido en un cáncer irreparable. Así, su argumento viene a ser tan simple como el original, y el público espera enfervorecido el castigo divino impuesto por las fuerzas de la naturaleza, personificadas en esos pequeños pero voraces depredadores, posicionándose de su lado y no de los protagonistas, meros muñecos inertes y,en parte, merecedores de su fatal destino. Aja se adapta con paso firme a las nuevas tecnologías, respetando la estética, en los primeros compases del film, propia de los años 70, para posteriormente dar rienda suelta a las posibilidades ópticas del 3D, realmente logradas en las escenas subacuáticas. 

Obviamente "Piraña 3D" está concebida como una película veraniega, época en la que los sesos están semiderretidos y la exigencia del público se arrastra por los suelos, y por tanto atacarla por el hecho de sus diálogos anodinos, su esquematismo dramático y su gratuidad escénica no suponen más que meras evidencias que caen por su propio peso. El realizador francés es consciente de las limitaciones literarias con las que cuenta pero, a pesar de ello, sabe sacar adelante con mucha personalidad, una dosis de exhibicionismo carnal de artificio y una ración gigante de hemoglobina un relato que viene a acentuar, con tono crítico, el carácter acomodado del ser humano, la falta de respeto por los valores primarios y recuerda que toda conducta reprobable tiene su castigo. Los verdaderos valores de "Piraña 3D" residen en su tono hilarante, desprejuiciado y sarcástico, armándose de unos medios técnicos al servicio de la historia sin pretensiones, y que tienen su punto álgido en las secuencias más cruentas, realmente conseguidas, donde el terror hace acto de presencia y el miedo, inapreciable a simple vista, campa a sus anchas. Si a ello le añadimos un despliegue de tintes hiperbólicos en su exhibición de miembros amputados y casquería varia, queda claro que el público al que va dirigido el film no puede ser más limitado y, con ello, iniciado. El resultado es un cóctel de excesos e insensateces altamente disfrutable, pero que exige cierta autocomplacencia por parte del espectador ante la nadería y la falta de aspiraciones que "Piraña 3D" aporta, y que el director, con aires gamberros y desmelenados, escupe a la cara del espectador.

martes, marzo 22, 2011

Torrente 4: Caspa infinita

Resulta cuanto menos de ilusos esperar algo de provecho en la cuarta entrega de Torrente, saga sobreexplotada por antonomasia que, casualidades de la vida, ha sido llamada a salvar la defenestrada taquilla del cine español. Aun así, quien escribe, tras haber sufrido en las dos anteriores ocasiones vergüenza ajena ante las andanzas del policía de dudosos valores, decidió tenderle la mano una vez más al no tan tonto brazo de la ley y, por extensión, al señor Santiago Segura. Pocas veces me he sentido tan incómodo en una sala de cine, ya no por el jaleo general que crean este tipo de películas, ni por la falta de comportamiento y educación de parte del público, algo ya tristemente generalizado y asumido como "normal" en esta decadente sociedad, sino por la nadería que surgía de la pantalla, de asumir, conscientemente, el haber tirado al más putrefacto de los vertederos algo más de 90 valiosos minutos. 

Segura ahonda, una vez más, en los recursos del chiste fácil y poco elaborado que rezuman de su personaje, a saber, homofobia, xenofobia, racismo, puterío y poca, muy poca higiene, de modo que su nueva propuesta no es más que un nuevo acto de descriptivismo, casi obsceno, de los rancios valores de su protagonista, algo que, salvo que tu edad mental esté por debajo de los 8 años, no resulta excesivamente gratificante ni satisfactorio. Como era de esperar, la legión (cada vez más) de pseudopersonajes del mundo del cotorreo y la lengua viperina deambula por el set tratando de dar credibilidad a lo increible y pretendiendo ser actores por un día, sin ser conscientes del sentido de la vergüenza y de la autocrítica. Con este plantel, no esperen una historia mínimamente coherente, ya que, de haberla, ésta ha sido confeccionada a base de retales cuya progresión narrativa funciona a ritmo de gags, metidos con calzador, y de un nivel intelectual digno de la mejor sobremesa televisiva. 

Torrente debutó en 1998 sorprendiendo a propios y a extraños con una simpática fábula que poco tenía de crítica o de radiografía social como algunos querían ver, pero que merecía un reconocimiento por su honestidad y por haber dado vida a un personaje detestable, pero a la vez icónico. Santiago Segura, aka Torrente, dispuso como partenaire en su debut a Javier Cámara, y en su fallida secuela a Gabino Diego. ¿Qué retorcida razón le habrá llevado a contar en esta cuarta parte con Kiko Rivera? Y es que Torrente se ha convertido en un fenómeno mediático, una atracción a la que todo el mundo quiere subir por no sentirse marginado socialmente, y en la que dignidad y la entereza se pierden en pos de contar con el beneplácito de la masa y de seguir la orientación que marca el rebaño social.

Con el paso de las entregas Segura ha sabido, con pecho henchido y ciertas dosis altivas, rentabilizar una idea que pocos pensaban fuera a triunfar, pero la broma ha perdido su gracia, y de ahí a mancillar títulos memorables como "La gran evasión", "Cadena Perpetua, "Vértigo" o "Evasión o Victoria" hay un mundo, y Torrente 4 ha sobrepasado ese límite, congratulándose del mal gusto, la zafiedad y la adoración a la estulticia, sin reparar en los pilares básicos que configuran una obra cinematográfica. Torrente es un fenómeno de retroalimentación capaz de sobrevivir a costa de ingerir sus propias heces y que está dispuesto a perdurar durante muchas más entregas, siempre que su público lo acoja con los brazos, sobacos sudados incluidos, abiertos.

No busquen en Torrente 4 una historia ingeniosa, no la hay; no busquen diálogos brillantes, no los hay; no busquen una precisión en la dirección, no la hay; no busquen una gran labor actoral, no la hay; no busquen los diez euros de la entrada, ya no los hay, se fueron por el W.C.

jueves, febrero 17, 2011

Saw VII 3D: Pieza a (des)pieza

Las noches de Halloween de los últimos años han servido no sólo como exaltación de una de las fiestas yanquis por antonomasia que celebra no se sabe bien qué, sino también como plataforma de lanzamiento y posterior expansión de una saga adscrita al (defenestrado) género de terror que comenzó con aires prometedores y que, con el paso de las posteriores entregas, ha devenido en un macabro pulso al aguante físico y psicológico al espectador, perdiendo todo su espíritu primigenio. Pocas sagas han sufrido tal grado de sobreexplotación, Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, Halloween han sido vivos y vergonzantes ejemplos de un vacuo aprovechamiento de una seña de identidad en pos de un rédito económico a costa de la calidad y la lógica racional.

Saw VII se publicita como el cierre de la saga, y se agarra firmemente a la última moda del 3D, medida antipiratería de la que algunos alardean bandera en mano, y que imprime un halo efectista y poco amable con el resultado general de las películas, al tratarse, salvo la honrosa excepción de Avatar, de una tridimensionalidad impostada y en absoluto necesaria para la narración fílmica. La séptima entrega de la exitosa, a nivel exclusivamente económico, de la franquicia iniciada como un vehemente ejercicio de guión, trata de salvar los muebles, de poner parches a un queso emmental, de arreglar el desaguisado conformado por las cuatro, y si me apuran, cinco entregas anteriores, en las que las sucesivas escenas de tortura y crueldad humana se simultaneaban con verdaderas catástrofes resolutivas en el guión. En este sentido Saw VII, dentro de su inoperancia y su talante redentor, funciona a medio gas,  debiendo el espectador ser excesivamente indulgente y tolerar, por el camino, una nimiedad que los guionistas han venido a denominar argumento y que se ahoga en su propia simplicidad y su esquematismo galopante. Poco ayudan a elevar el tono las bochornosas interpretaciones de algunos actores, más interesados en cobrar el cheque que en dejar patente su valía artística.

Saw VII pone al límite la sensibilidad y raciocinio del espectador, que se ve obligado en más de una ocasión a apartar la mirada de la pantalla, al asistir a un espectáculo circense con ínfulas sádicas y gratuitas que le empuja a reconsiderar por qué decidió pasar por taquilla. A medida que se han ido sucediendo las distintas entregas, el nivel de brutalidad y ensañamiento ha ido aumentando, y la explicitud en lo meramente sanguinario se ha erigido como protagonista substitutivo ante la ineptitud de poder hilar una historia mínimamente coherente y atractiva, algo que ha tocado techo con este aparentemente último capítulo (cosa que no me acabo de creer). La saga se cierra, o eso dicen, con un triple salto mortal que eleva a la enésima potencia el grado de casquería y despiece hasta tornarse en una macabra, y no apta para estómagos sensibles, exposición enfermiza de torturas y sometimiento sin objetivo ni fin específico. Ante la falta de argumentos, efectismo, esa es la consigna.

Películas como la trilogía de Posesión infernal, el cine zombi de George A. Romero o de Lucio Fulci, e incluso la mediocre y reciente Zombis nazis hacen uso de un gore blanco, utilizado como arma cómica, casi autocrítica, de momentáneo efecto en el espectador, pero las últimas entregas de Saw se limitan al juego del gato y al ratón mientras en la sala contigua se despiezan, con todo lujo de detalles, los incautos y caprichosos personajes que caen en manos del malvado Puzzle, logrando el rechazo en el espectador pero por su puro artificio, su carácter manipulador y su carencia, más allá de lo estético y arquetípico, de recursos de peso que convenzan a un espectador cansado de ser salpicado con sangre ajena.

viernes, febrero 11, 2011

Winter's bone: Oro bajo la nieve

Hay películas de las que se debe partir de una base, y es la de la predisposición. Que nadie se lleve a engaño. No recomendaría esta película a alguien que me preguntara qué le recomiendo de lo que ofrece la cartelera actual. Winter's bone es de esas películas, como ya ocurriera con La cinta blanca, que los que nos autodenominamos aficionados, mal llamados críticos de cine, queremos egoístamente para degustar en soledad, aquellas que no nos incomoda ver con la sala vacía (aunque este no fue mi caso, a pesar de lo que pudiera denotar los ronquidos en estereo que provenían de sendos espectadores a ambos lados de mi asiento). 

Existe una cierta tendencia en el preludio hacia los Oscar de aperturismo hacia el cine independiente, aquel realizado sin alardes presupuestarios ni excesos tecnico-artísticos, quizás como una pose de cara a la galería para lavar la imagen del glamour hollywoodiense, como ocurrió el año pasado con la fallida Precious, o bien como un merecido reconocimiento a un cine diferente, expresivo, atrapado en sus propias limitaciones y condenado al respeto pero al pronto olvido. Debra Granik ha trasladado a la gran pantalla, sin artificios y de un naturalismo que asusta, aquella realidad que no deseamos ver, a la que damos la espalda, y que la protagonista debe afrontar, actuando como un adulto pero movida por su inocencia e inexperiencia dada su temprana edad. Así, la directora plantea un pulso al espectador no iniciado, y afronta un reto que supone, de manera consciente, ir descartando, cual escalera formada por fichas de dominó, espectadores, hasta llegar a aquellos dispuestos a ver más allá de la mera superficie narrativa y el ritmo marcado por las mainstreams

Winter's bone explota un esqueleto guionístico que se antoja suficiente como vehículo conductor para sobrellevar el peso del film, acentuando Granik su mirada en los lugareños, en el malsano ambiente que se respira en la America rural y profunda, y adoptando formalidades inspiradas en el western. Si se puede calificar a esta película, el adjetivo adecuado sería el de arriesgada, y es que su languidez y su ritmo pausado y reposado pueden hacer desesperar a muchos, pero entusiasmar a los pacientes, a los que consideran el fluir de los fotogramas como pilar maestro de lo que denominamos cine. A pesar de su aparente brusquedad, Winter's bone se presenta como un engranaje al que el devenir del metraje le va otorgando las dosis justas de aceite, desencadenando un previsible desenlace, pero no por ello carente de un potente efecto demoledor y aterrador. Cine adulto, muy exigente, rodado casi de espaldas a lo convencional, un grito al cielo reivindicativo y desesperado. Una de esas pequeñas joyas que merece revisionarse para captar su pura esencia, aquella que está en cada mirada, en cada silencio, en cada frase, en el aire que se respira.

miércoles, febrero 09, 2011

127 horas: Aaron, no descontroles


Película a película, Danny Boyle ha sabido quitarse la etiqueta que le dió la fama pero que le ha perseguido a lo largo del tiempo por muy esperanzadora que fuese su nueva propuesta fílmica: ser el director de Trainspotting. El realizador británico ha hecho incursiones, con mayor o menor acierto, en la ciencia ficción, en la comedia dramática, en la denuncia social y hasta en el terror, tratando de ofrecer una perspectiva diferente a géneros sobreexplotados y dotarles de un envoltorio formal atractivo a la par que arriesgado. Obviamente, ello ha generado disparidad de opiniones entre el gran público, y que abarcan desde la indiferencia y la absoluta frialdad hasta el entusiasmo casi contagioso, lo que conlleva a afirmar que Boyle es, cuanto menos, un director que trata de aunar el concepto de proyecto comercial y la aplicación de un sello personal.

127 horas se adscribe a la moda de describir situaciones límite del ser humano, donde la claustrofobia y la lucha contra la muerte y las interioridades vitales se tornan en protagonistas, minimizando así costes y proyectando un mensaje reflexivo al espectador, evitando la pretenciosidad y la pedantería, gracias a un ágil ritmo y un lenguaje visual apabullante. Es aquí donde la cinta de Boyle cobra su mayor atractivo y consigue sus más logrados aciertos, al sortear la parquedad de la premisa argumental y reivindicar el uso de los recursos visuales como impulsor del lenguaje narrativo. Así, asistimos a estrategias audiovisuales como el split screen, el video digital, la inserción de cámaras subjetivas y la naturalidad fotográfica que no sólo logran una sensación de verosimilitud en la historia, sino también una cercanía terrenal agradecida por el espectador y que potencia el magnetismo con su butaca.

El film posee una sencilla estructura tripartita equilibrada y que apoya el peso de su efectividad en su fase central, tras una breve pero ajustada presentación de personajes (o mejor dicho, personaje), que premoniza sobre la tortuosa sesión de dolor y arrepentimiento a la que se va a ver sometido el protagonista. Es precisamente en el ecuador del film donde salen a relucir la contienda psicológica que se libra en el personaje del montañista, a base de evocaciones y contínuos flashbacks, que fluctúan entre la nostalgia, el deseo, la penitencia e incluso el humor. Vivimos entonces los mejores momentos del film, aquellos en los que Boyle sabe eludir con sabiduría los caminos del morbo que la trágica situación del protagonista tienta a invadir y se adentra en los sentimientos primarios de éste, con la adecuada elegancia y buen gusto, dentro de la penosidad y el dramatismo de lo que refleja las imágenes. Una situación de terror progresivamente creciente que desemboca en la famosa secuencia que ha alzado publicitariamente al film y que Boyle recrea, dentro de su crudeza y carnalidad, con celeridad y sin acentuación.

127 horas no llega al alto nivel que alcanzó Enterrado, de Rodrigo Cortés, ya que mientras aquella demostraba que era posible contar una historia con mínimos recursos, aquí se recurre, con evidentes logros y cuidada ejecución, a mostrar el miedo y la desesperación del ser humano asentándose en un argumento lineal y limitado, pero excelentemente apuntalado y apostando por la contención y la evitación del exceso y la gratuidad.

jueves, diciembre 02, 2010

Skyline: Exterminando espectadores

Recuerdo cuando no hace mucho las películas con marcada tendencia a romper taquillas se anticipaban, en forma de pequeñas dosis o teasers, como se llaman ahora, con mucha antelación, a veces incluso un año antes de su estreno. Skyline parecía recuperar aquella tendencia cuando asistí al visionado de su teaser trailer, ya que ofrecía al espectador una típica historia de invasiones alienígenas apoyada, desvergonzadamente, en el uso y abuso de los efectos especiales, sembrando en éste un claro desconcierto pero a la vez una hipnótica sensación de atracción e interés ante tal misterioso film. Dos semanas después "Skyline" llega a las carteleras, rompiendo todos mis esquemas y confirmándome que esta película no contaba con excesivo respaldo  ni siquiera de su propia productora.

No es extraño que el personal técnico del mundo del cine se lance a la dirección, como tampoco que éstos actúen como habituales en segundas unidades de realización o incluso adjuntos al propio director en muchos filmes. Los hermanos Greg y Colin Strause, especialistas en efectos especiales, han demostrado su sobrada valía en este ámbito en títulos como "300", "El día de mañana" o "Terminator 3", las cuales, independientemente de su entidad cinematográfica, cumplían con sobrada solvencia en el apartado visual. Pero la dirección de un film requiere mucho más que una especialización aislada, y es ahí donde los hermanos Strause sacan a relucir sus carencias más flagrantes, en su incapacidad para ir más allá de lo que realmente dominan, logrando un producto no sólo desequilibrado o incompleto, sino absolutamente torpe, burdo y risible.

"Skyline" incumple cualquier norma básica y mínima de coherencia y racionalidad cinematográfica, comenzando por un estrepitoso plantemiento inicial, en el que todo avanza de forma gratuita e inexplicable, y donde los personajes (si se les puede llamar así) no despiertan ningún tipo de interés por el insuficiente, o nulo, perfil que los codirectores realizan, mostrando un consciente descuido en la progresión narrativa y una apuesta, casi a contracorriente, por la acción injustificada y el espectáculo de barraca de feria, que incluso deviene ridículo por su afán desprejuiciado de utilizar el papel de calco y apoderarse literalmente de los esquemas conceptuales de "La guerra de los mundos", "Monstruoso", "Independence day" e incluso "Terminator 2". El film carece de cualquier mínimo de rigor y de seriedad, tanto que se empecina en hacer creer al espectador que tiene un guión sobre el que se vertebra su supuesta historia, cuando éste no responde sino a sonrojantes líneas de diálogo e infames situaciones donde la supervivencia humana se torna en una sensación de rebeldía para el espectador, quien asiste estoicamente a un vacuo correpasillos de difícil digestión y arduo entendimiento. 

El cine de ciencia ficción no está atravesando su mejor época, y pocas son las excepciones que consiguen mantener sondado a un género del que han resultado generosos frutos. Quizás su mayor lastre no se limite exclusivamente a la escasez de ideas y al recurso constante en convencionalismos y clichés de género, sino en el descuido en el contenido y en la fijación por el mero envoltorio. Y eso es precisamente lo que pierde a "Skyline", lo que la convierte en un producto ya no del montón, sino insultante e incluso temerario para el coeficiente intelectual medio. La cinta de los hermanos Strause (recordemos que son los perpetradores de esa hez fílmica llamada Aliens vs Predator: Requiem) sólo acierta en su aspecto técnico visual, que tampoco logra hepatar al espectador por su falta de inspiración y originalidad, aunque cumple su cometido, pero es un disparate en todo lo demás, tanto a nivel narrativo como dramático, que logra aburrir en escasa hora y media de metraje, y que acumula sinsentido tras sinsentido hasta alcanzar el culmen de desvergüenza máxima en sus últimos cinco minutos, un verdadero desafío a la paciencia del espectador. Tan sólo dos cosas me impidieron abandonar la sala, el respeto que tengo hacia el cine (y que muchas veces no es correspondido) y la intensa lluvia que caía en el exterior. Candidata directa a peor película del año, y si me apuran, de la década.

jueves, noviembre 25, 2010

Entrelobos: Naturaleza viva

En tiempos donde la apuesta por lo seguro y la escasez de ideas campan a sus anchas, no deja de ser digno de aplauso y de merecido reconocimiento que existan propuestas alternativas, a contracorriente y que, aun a costa de sufrir varapalos económicos y rechazo de la masa social, dignifiquen el mal llamado séptimo arte. Gerardo Olivares, director hasta la fecha de proyectos tan interesantes como desconocidos para el gran público como "14 kilómetros" y "La gran final", se adentra en la historia (real) de Marcos Rodríguez Pantoja, quien, por avatares del destino que la película se encarga de desvelar detenidamente, se ve obligado a vivir en plena naturaleza sin más compañía que la de la fauna que la puebla y, en especial, los lobos, con quienes entablará una cercana relación de amistad. 

"Entrelobos" se mueve con sumo acierto entre el documental naturista y el drama costumbrista, adoptando un estilo reposado y contenido que potencia los elementos técnicos, tales como la fotografía y la planificación, en detrimento de un argumento que, aunque limitado, contiene los ingredientes mínimos necesarios para lograr la satisfacción del espectador. Sin duda los mayores logros de la cinta se concentran en la elegancia y la sutileza de su director a la hora de describir el período de adaptación del protagonista en un entorno que le es hostil y cruel, logrando una perfecta simbiosis entre el ser humano y el hábitat natural. A ello ayuda, y mucho, la eficaz música de Klaus Badelt, que subraya a la perfección los momentos más emotivos que consiguen la complicidad sentimental del espectador. No obstante, a pesar de su marcado carácter transgresor y diferenciador, son más que evidentes los síntomas de carencia narrativa y de propuesta discursiva que adolece el film, lo que la condena a cierto grado de estancamiento que conlleva el lucimiento formal y no tanto el puramente literario. A pesar de todo, "Entrelobos" se sigue con agrado, con momentos de arritmia narrativa y clara sensación de intermitencia e hieratismo dramático, pero ello no empaña un resultado global notable y con un claro mensaje crítico contra la irracionalidad humana.

La propuesta de Gerardo Olivares responde a su contrastado carácter crítico y contestatario, capaz de mostrar la dureza y la crueldad a través del lirismo audiovisual, y es precisamente lo que convierte a "Entrelobos" en una película soberbia desde el punto de vista del aprovechamiento de los recursos técnicos y de acentuación de la imagen como método expresivo, aunque no se pueda decir lo mismo de sus limitaciones de guión, muy bien ocultadas por una pericia reseñable en el manejo de la cámara. 

Cine distinto, gráfico y muy visual, de corta trascendencia , pero de un poder enigmático y onírico indiscutible que profundiza en la retina del espectador cansado de ver una y otra vez los mismos clichés de género. Aires renovados y talento al servicio de la técnica que contrastan con la necesidad de recurrir a la imagen de Juan José Ballesta como supuesto protagonista cuando no lo es realmente. La eterna confrontación entre la innovación y la aceptación social vuelve aquí a tomar forma en una cinta a reivindicar que, a pesar de sus notorias influencias ("El pequeño salvaje, "Tarzán", "Gorilas en la niebla" o "El libro de la selva" podrían ser claras fuentes de inspiración), adquiere autonomía propia y grita a viva voz la necesidad de un cine alejado de la alienación televisiva a la que se ve abocada la sociedad actual.

martes, noviembre 16, 2010

Scott Pilgrim contra el mundo: La vida es juego


Lo reconozco, me reí mucho con "Zombies party", a la que tengo un especial aprecio, y "Arma fatal", aunque por debajo de la mencionada vuelta de tuerca al género zombie, me reconcilió con la comedia, género éste en plena decadencia y flagrante maltrato en el actual panorama cinematográfico. Edward Wright ha demostrado con estas dos últimas propuestas ser un director capaz de extraer de los recovecos más convencionales y trillados puramente de género productos quizás de escaso calado entre el gran público, pero de merecido reconocimiento en circuitos minoritarios, los cuales dicen sentirse plenamente identificados con lo visto en pantalla. 

Por ello, "Scott Pilgrim contra el mundo" no podía partir de otra mente que no fuera de la de Wright, verdadero apasionado de la subcultura del cómic y de los videojuegos, ofreciendo una visión muy distorsionada y efectiva a la vez del concepto de comedia romántica juvenil que hemos venido adquiriendo a través de la experiencia cinematográfica. El film se apoya conscientemente en su apartado visual y estético, realizando un simpático y a la par nostálgico guiño a los videojuegos que cautivaron a una generación que ya ronda, si no supera, los treinta años. Por ello, no faltan las inserciones visuales de elementos arquetípicos del ocio de 8 bits, véase vidas extras, subidas de nivel, puntuaciones, barras de energía, que se combinan a la perfección con una ambientación heredera del cómic (no es casualidad asistir a constantes onomatopeyas gráficas, así como al uso de la split screen), logrando una potente y muy espectacular puesta escena, que no sólo realza estéticamente el producto sino que transmite la sonrisa al espectador, contagiado por un ataque de sentimentalismo del que no se puede desprender. A ello hay que añadirle el ritmo que Wright imprime a la película que, aunque acelerado, y especialmente en su primer tramo, responde a la narración propia de las viñetas, seca, directa y cortante, sin que su plasmación en pantalla, a pesar de resultar un tanto abrupta, desbarate el conjunto de la progresión narrativa.

No obstante, amen de la dificultad de poder empatizar con el film de aquellos que no gusten o desconozcan los temas de fondo y forma que plantea "Scott Pilgrim contra el mundo", es evidente que la fórmula, simpática y singular en sus cimientos, adolece de una lógica degradación a medida que avanza el metraje, no pudiendo sostener el interés una vez que la trama se ha deshojado por completo, pasando a ser a partir de su ecuador una briosa sucesión de combates bien coreografiados pero a los que se les evidencia en demasía su carácter autómata y complaciente. Bien es cierto que la labor de síntesis y de traslación de la vasta novela gráfica que sirve de inspiración al film ha sido ardua, pero desgraciadamente el exceso de compresión le ha pasado factura, y muy probablemente ello haya sido el causante de la linealidad y el tono monocorde que adopta su segunda mitad, sin caer en el ridículo, pero con clara sensación de no disponer de un as salvador en la manga.

Con todo, "Scott Pilgrim contra el mundo" es una propuesta alejada de los clichés de género de la comedia adolescente, estructurada y concebida a modo de fases de videojuego y que invita al espectador a un viaje por el universo pop y a disfrutar escuchando un disco de los Ramones y sentándose a los mandos de una olvidada NES. Para los que no compartan estas sanas aficiones, probablemente verán en la película unas altas de dosis de inmadurez e incapacidad social. Y tú, ¿juegas?

jueves, noviembre 11, 2010

Los ojos de Julia: Devuélveme mis dos horas

De un  tiempo a esta parte el cine español de terror se ha sobrepuesto a los clichés de género impuestos por la industria norteamericana, explotadora del psychokiller de público potencialmente teen, para tratar de aportar elementos que, sin ser nada innovadores, al menos sí se desligan de todos los convencionalismos asentados en un género tan maltratado como es el del terror. Guillem Morales destacó hace unos años con una pequeña película, "El habitante incierto" que aprovechaba al máximo la escasez presupuestaria y los recursos técnicos y narrativos para firmar un film de terror psicológico que le hizo acaparar la atención de la crítica, aunque no tanto del público, por lo atrevido de su propuesta. En su segunda película, "Los ojos de Julia", nada queda de aquel prometedor director que, en esta ocasión, lucha contra viento y marea por sacar a flote un proyecto que ni alcanza los mínimos exigibles ni logra evitar en el espectador la sensación de indiferencia, cuando no estupor, ante lo que está visionando. 

Podría destacarse las similitudes con la sobrevalorada película de Juan Antonio Bayona, "El orfanato", en lo que a aspectos técnicos y de desarrollo dramático, pero esto quizás responde más a una flagrante treta comercial que no a una cuestión estética. "Los ojos de Julia", financiada en parte por Antena 3 films (dato a tener muy en cuenta), parte de una premisa muy cuestionable, risible y que trata de imprimir premura y brusquedad a una narración que requería reposo y contención. Desgraciadamente, si los cimientos son maleables, la estructura no puede sino tambalearse hasta desplomarse y, en este caso, antes de tiempo. Morales juega con elementos archiconocidos de género, utilizando inclusos recursos claramente hithcockianos, para tratar de jugar al despiste con el espectador, a la búsqueda, aparentemente afanada y sin éxito, de un probable asesino. A pesar de los evidentes abruptos narrativos en su desarrollo, la película resulta medianamente interesante en su primer tercio, pudiendo incluso ser perdonable el hecho de reducir el leit motiv de la cinta a un par de líneas, aunque Morales abuse de los consabidos efectos de sonido, lo que dota al film de escasa efectividad dramática y una abrumadora escasez de ideas. Aún así la dirección resalta por encima del despropósito literario y la película consigue, sin apasionar, avanzar a duras penas. 

Lamentablemente la tensa cuerda que sustenta la película finalmente cede y el desplome, premonitorio, sale a relucir en su último tercio, donde el realizador rompe con lo visto hasta el momento, más orientado hacia el terror de cariz psicológico, de escaso recorrido y de bajo nivel, pero perdonable, para decantarse por un estrépito de nula calidad, vergonzante por momentos y que trata de amortizar el personaje de Belén Rueda. Así, "Los ojos de Julia" desemboca en un subproducto de sobremesa empecinado en mostrar a una protagonista acosada por un más que previsible asesino, por muchos giros que quieran dar al texto el guionista y director, sin mayores aportes que el mero "corre que te pillo" estirado hasta la saciedad, que invita a mirar desesperadamente el reloj cuando no a abandonar la sala. Guillem Morales se ha equivocado de pleno con un guión que debía haber rechazado desde sus primeros párrafos, y ni la correcta, sin alardes, labor de dirección, ni la presencia de actores como Lluis Homar o Belen Rueda pueden evitar el naufragio de una película con un alarmante vacío expresivo y unas líneas de diálogo sonrojantes. 

El personaje de Julia pierde la vista progresivamente en esta película, el espectador pierde la confianza y su capacidad de aguante físico a medida que avanza esta insufrible película que nunca llega a conseguir las cotas mínimas de credibilidad e interés. El resurgir del cine español de terror ha sufrido un doloroso vuelco con "Los ojos de Julia", ya que desgraciadamente pase a ser seria candidata para engrosar las listas de las peores películas del año, que ya se van preparando ahora que 2010 toca a su fin. Yo seré uno de los que vote por ella.

viernes, octubre 29, 2010

Paranormal activity 2: Maquillando el resultado

Paranormal activity quedó grabada en mi memoria como una de las mayores tomaduras de pelo que algunos ingenuos (y caraduras) productores nos quieren hacer pasar como eso que denominan el nuevo cine de terror, esto es, tratar de transmitir miedo (primario) al espectador economizando el máximo de recursos. El resultado no puede ser más que un subproducto estereotipado, cutre e inexpresivo del que no puede sentirse sino compasión a la vez que repugnancia. Una populista campaña de marketing hizo el resto, y misión cumplida, inversión amortizada y subiendo beneficios, eso sí, creatividad y aportación artística, cero patatero.

Como buen sentimiento humano que se precie, si la gallina dá huevos de oro, explotémosla, ha debido pensar el director de la película original, Oren Peli, quien ahora se escuda en las labores de producción, a la espera de que los dólares vayan cayendo en su extendida mano. Paranormal activity 2 hace las veces de precuela y secuela a su vez del primer film, y utiliza los mismos esquemas iniciales que aquélla, olvidándose, por tanto, de una consabida descripción de personajes, de la progresión dramática, y emplea los elementos mínimos para que lo que en su día se escribió en dos caras de papel sea considerado guión. Priman aquí, por tanto, las secuencias de "acción" (si por tal puede considerarse ver cómo se cierran las puertas solas, caen sartenes del techo, se encienden las luces automáticamente o los juguetes cobran vida misteriosamente) en las que presuntamente el director (recordemos, Todd Williams, realizador de la notable "Una mujer difícil") trata afanosamente de aterrorizar al espectador, quien no puede sino mostrar la más absoluta indiferencia ante los hechos narrados. En su defensa debe decirse que los personajes no son risibles como sí lo eran los de la primera parte (y que aquí se reservan un papel secundario), que hay momentos climáticos ciertamente conseguidos, a pesar de su cotidianeidad (¿es necesario que siempre haya cámaras de visión nocturna en todas las películas de terror?), y que contiene un tercio final ligeramente impactante, aunque reincida, una y otra vez, en golpes de efecto y de sonido como única herramienta para lograr el efecto terror, y que dicho fragmento lo hayamos visto mucho mejor resuelto y expuesto en filmes como Poltergeist, rodada hace 28 años.

Que esta segunda parte responde a razones puramente comerciales no sorprende a nadie, y su tercera entrega es más que probable, pero lo que nació como un experimento anticinematográfico, burdo y torpe en su desarrollo, aquí posee atisbos de personalidad, a pesar de sus muchas y fatales carencias y su incisiva pretensión de buscar el anticlima y el susto fácil, y una linealidad creciente e intermitente a partes iguales. Con ello Paranormal activity 2 no se libra de ser una película con evidentes síntomas de deficiencia y agotamiento, pero resulta meritoria su honestidad y sus fugaces momentos de inspiración y aplomo. A ello hay que sumarle el dinamismo, sin perjuicio del montaje rutinario y repetitivo empleado, que aportan las seis cámaras de seguridad fijas que describen con mayor acierto el horror vivido dentro de la casa, en contraposición con la cámara única y mareante que funcionaba en la cinta original como testigo directo de las extrañas presencias.

Con todo, Paranormal activity 2 viene a tratar de pulir los muchísimos errores, de bulto, que contenía su predecesora, pero sin arriesgar demasiado, optando por lo convencional y primario, consiguiendo una pirueta efectiva sólo en determinados momentos pero vacía e inconsistente en muchos otros. Mismo perro con distinto collar.

miércoles, octubre 27, 2010

Copia certificada: Pretenciosidad (in)trascendente

Abbas Kiarostami es uno de los directores predilectos de los festivales de cine más prestigiosos a nivel mundial, a lo que se ha unido su fama, no buscada, de ser un realizador perseguido en su país de origen por su marcado acento crítico en aspectos sociales y políticos que a la vista del público occidental no escapan de la mera rutina diaria pero que suponen un atentado a la dignidad de la cultura oriental según sus profetas. El autor iraní escapa de su limitado ámbito de rodaje habitual, prácticamente clandestino, para embarcarse en una aventura europea pero que responde a su patrón de entender la cinematografía, como un escaparate crítico de exposición de ideas y de desahogo de unos personajes oprimidos y afectados. 

"Copia certificada" no es una película para el gusto del gran público, y ni siquiera encandilará a la crítica más sesuda y exigente, por sus arriesgados postulados formales y su falta de determinación y decisión. El film plantea un juego emocional con el espectador, una disección del estancamiento y la pérdida de la pasión en una pareja a través de continuos contrastes que invitan al espectador a plantear paralelismos temporales  y a reflexionar acerca de la caducidad del amor. Este hecho, que no se desvela hasta mediado el metraje, es sin lugar a dudas el mayor logro de la cinta, pues hasta el momento su incapacidad de exponer unos planteamientos rígidos y secuenciales es manifiesta, limitándose a una vacua y poco interesante discusión de aires intelectuales sobre la idoneidad de lo original y el desprecio por la copia, provocando hastío en el espectador y casi incitándole al bostezo y al tedio. No es Kiarostami un autor que se caracterice por imprimir ritmo a sus filmes, y aquí lo vuelve a demostrar. Su obcecación con el descriptivismo que mostrara en películas como "El viento nos llevará " o "El sabor de las cerezas" aquí se torna verborreica, y su capacidad de sintetización del argumento lo condenan a la teatralidad más absoluta (de hecho, la película puede resumirse a tres secuencias), lo que degenera en un film con resultados discretos bajo unos esquemas de cariz filosófico de nulo interés y ciertamente frustrantes. 

Kiarostami dirige un barco a la deriva cuyos únicos tripulantes, el tándem protagonista, conformado por Juliette Binoche y William Shimell, emplean todas sus fuerzas para evitar el naufragio. Especialmente destacable resulta la labor de Binoche, que ratifica su extraordinario estado de forma y su capacidad de embaucar a una cámara que se posa como mero testigo de una profunda crisis de pareja, expresando a la perfección su anhelo por tiempos pretéritos y por recuperar la llama que ha venido desgastándose con el cruel paso de los años. No son desdeñables los intentos de Shimell por dar una esforzada réplica, retratando un personaje egocéntrico y frío, pero abusivo en su gestualidad y limitado en sus virtudes actorales, quedando plenamente engullido por su partenaire de reparto.

Con todo, "Copia certificada" es otra difícil y personalísima propuesta de autor  por parte de Abbas Kiarostami que yerra en su estructuración de la acción, en su bifurcación expositiva, y que ofrece momentos de sublime interpretación  actoral, pero al servicio de un poco reconfortante discurso y una confusión narrativa que no logra la empatía del espectador ni su condescencia.

miércoles, octubre 20, 2010

La red social: Haciendo amigos

Una de las películas que más expectación había generado y sobre la que se cernía la sombra de la  duda y la incredibilidad es "La red social", última propuesta de David Fincher que acerca al espectador, versado o no en el ámbito informático, el surgimiento de una de las herramientas de comunicación global revolucionarias del nuevo milenio, a la altura de la radio, el teléfono o la televisión, y que ha conseguido un nivel de propagación inaudita en tiempo record. Al fin y al cabo, ¿quién no ha oído hablar a día de hoy de Facebook

El resultado es una película que sabe jugar con mano maestra sus cartas, aprovechando la escasez de planteamiento inicial y las limitaciones argumentales de las que adolece mediante un estudiado y milimetrado guión, obra del reputado guionista Aaron Sorkin, que imprime interés y, lo que es mejor, pasión a lo que puede en un principio concebirse como una riña entre niños de papá y que desemboca en una encarnizada confrontación litigiosa. Fincher se reivindica de nuevo como sabio de la narración, como ya hiciera en su injustamente olvidada Zodiac, y capta la atención del espectador durante las aproximadamente dos horas de metraje del film, utilizando para ello una delicada y embaucadora dirección de las que uno se siente reconfortado ante el panorama cinematográfico actual, orientado a la anarquía narrativa y al ahorro de medios. Fincher sumerge al espectador en una amalgama de vocablos técnicos  e informáticos que quizás puedan descolocarle en los prolegómenos del film, aunque con ello destile una pericia extraordinaria en el perfilado de personajes y un acercamiento a la psique del protagonista, verdadero motor del film. 

"La red social" parte de un axioma predeterminado, limitado y sencillo, pero eficiente y magníficamente desarrollado, mostrando la cara oculta y poco amable de una patente rentable, pero una bomba de relojería por su facilidad de despertar los instintos más primarios del ser humano. Es aquí donde la cinta muestra sus mayores virtudes, y la eterna paradoja de cómo una herramienta que acerca personas y fomenta la amistad logra la desunión y la controversia entre sus artífices, gracias no sólo a la solidez del guión sino a la eficiente labor actoral, especialmente de Jesse Eisenberg, quien caracteriza un Mark Zuckerberg tan brillante por su coeficiente intelectual como frío, egoísta y autómata en sus relaciones personales. Amistad podrida por la ambición y el dinero es, en resumidas cuentas, el mensaje que sobrevuela a medida que progresa el metraje. 

Tras haber visto recientemente "Wall Street: El dinero nunca duerme" no puedo resistir a realizar una comparativa entre ambos filmes, y es que el de Fincher bebe de las influencias Stonianas y ofrece un manual de bolsillo de cómo prosperar en el arduo mundo de los negocios, a toda costa y por encima de todo ser que pueda considerarse competencia, o no. "La red social"  ya se perfila como candidata a arañar algún Oscar, y lo cierto es que motivos, especialmente en aspectos de guión, no le faltan, aunque es de justicia aseverar que no estamos ante una película de especial entidad, aunque sí posee la virtud, algo inusual en los tiempos que corren, de una fluida y ligera narración, que no es poco.

viernes, octubre 08, 2010

Amador: Un más allá muy cercano

Han tenido que pasar cinco años para poder asistir al nuevo proyecto del director español social por excelencia, Fernando León de Aranoa, quien siempre se sitúa, y junto a él su cámara, al lado de los sectores de la población más desfavorecidos, cuando no profundamente marginales. Tras su obra más irregular en su prometedora carrera, "Princesas", el realizador madrileño, ajeno a toda corriente comercial, vuelve a poner el corazón en un puño al espectador con "Amador", que bifurca su planteamiento discursivo entre la dificultad laboral de los inmigrantes y el abandono del que son objeto los ancianos por parte de sus familiares, dos temas aparentemente inconexos pero que en "Amador" se interrelacionan con acierto, brío y sobrada entereza.

León de Aranoa vuelve por sus fueros, de los que nunca ha escapado, introduciendo al espectador en contextos miserables, de real supervivencia económica, de futuros poco halagüeños y de existencias vacías. Frente a este escenario desolador, desde el que Aranoa hace uso para hacer gala de su exposición más política y reivindicativa, va tejiendo una historia a dos bandas de personajes abandonados, solos a pesar de estar físicamente acompañados, y que constituye el eje central del film. Con un guión inicialmente poco prometedor y un tanto convencional, "Amador" consigue embaucar al espectador con una progresión creciente en su linealidad narrativa, generando una inconsciente empatía y una solidaridad, aunque inmoral, con la protagonista, que hace que se le reste importancia a la aparente ingenuidad o la falta de verosimilitud de determinados cabos del guión. "Amador" se configura como una película sobre la desolación, sobre cómo el amor puede traspasar las fronteras de lo puramente vital, empleando para ello un ritmo pausado, contemplativo, que extrae las virtudes del elenco actoral, y que incluso aporta ciertos tintes de suspense realmente conseguidos. Es imposible no conseguir identificarse con el espíritu vitalista y luchador de Marcela, condenada a una situación opuesta a sus principios morales, pero obligada a sufrirla para su subsistencia diaria y la de su futuro hijo, verdadera demostración de amor.

"Amador" alcanza su mayor éxito gracias a un guión sobresaliente en cuanto a perfilado de personajes, exposición de plantamientos y mensajes de fondo, y en su extraordinaria combinación de drama con la comedia negra. Así, y con el fin de no castigar especialmente al espectador, Aranoa introduce tiempos muertos, de relax, y que son agradecidos, donde los personajes debaten, con la realidad social de fondo, cómica y triste a la vez, sobre la moralidad y la ética de sus acciones (es aquí donde debe citarse la soberbia interpretación de Fanny de Castro, un oasis entre tanta aridez y desasogiego provocado por la situación límite de la protagonista). Con todo, sin ser una película redonda, sería un despropósito y una inmoralidad negar a "Amador" sus aciertos respecto a su valentía narrativa, su desarrollo minimalista, sus claras pretensiones reivindicativas y su explícito mensaje de dolor y angustía contenidas.

jueves, octubre 07, 2010

Buried (Enterrado): Cuando la agonía se convierte en (in)moralidad

De un tiempo a esta parte la industria del cine ha venido ideando una serie de propuestas innovadoras, a la par que discutibles, que comulgan con la rentable idea de mostrar sensaciones humanas en primer plano, casi siempre agónicas, con un envoltorio formal austero, precario y conscientemente realista, por molesto que pueda esto resultar. Así, han surgido ejemplos como "El proyecto de la bruja de Blair" o "Paranormal activity" que han rehuído de los cánones tradicionales de rodaje, dramatización y montaje, para optar por una exposición en primer plano del terror a costa de una factura limitada e incluso nula. Partiendo de estas dos (fallidas) premisas, Rodrigo Cortés creyó firmemente en un proyecto imposible de filmar para muchos realizadores, y abordó una aparante utopía mediante la que debía convencer al público que sostener una película con un sólo actor, con una unidad de tiempo y lugar, era posible. Pocos lo creyeron,  pero el resultado le ha dado la razón.

"Buried (Enterrado)" traspasa las fronteras de lo cotidiano, arriesga hasta el extremo y subvierte los principios formales y narrativas de todo género cinematográfico, haciéndose excesivamente complicado clasificar al film en uno de ellos, a pesar de sus evidentes elementos de terror. Ante la escasez de opciones por parte del realizador a la hora de afrontar la composición y planificación de su película, Cortés se apoya en un guión sólido que pasa de ser la gran duda para sustentar la edificación a convertirse en el verdadero motor propulsor del devenir narrativo. Gracias a él el espectador asiste a una progresiva tortura psicológica que llega en ocasiones a poner al límite su capacidad de aguante, por lo claustrofóbico y agónico de su desarrollo, a la vez que se le plantea un discurso de carácter moral que sin duda es lo mejor del film, merced a las conversaciones telefónicas a dos bandas que el protagonista mantiene y que actúan como un puñetazo a lo más profundo del ser humano, a su cobardía, a su falsa solidaridad, al sálvese quien pueda y en el peor de los casos, a extraer beneficio propio ante el sufrimiento ajeno. Todas estas ideas de corte reflexivo y personal que planean sobre la película se unen a la explícita sobre la crueldad de la guerra (en general) y la búsqueda de un por qué a la misma.

Quizás algunos sólo vean 90 minutos de sufrimiento humano, un vano ejercicio de estilo con pocos recursos cinematográficos, algo con lo que comulgaría en caso de quedarse el film en la mera superficie, en el puro estilismo formal, pero afortunadamente "Buried (Enterrado)" sólo y sabiamente aprovecha el plantemiento como contexto a un relato de supervivencia, no sólo por escapar de la caja que oprime y asfixia al protagonista, sino por encontrar su verdadero enemigo, aquel que está fuera de esa caja.  Rodrigo Cortés ha confirmado su valía y talento como realizador, además de exponer sus firmes creencias en aquello que aparentemente todos dan por muerto, como al protagonista de su película. 

jueves, septiembre 30, 2010

Machete: Vidas macarras

Que nadie se lleve a engaño. Robert Rodriguez no es un gran director de cine, no se le conoce película alguna de provechosa trascendencia emocional, reflexiva o intelectual. Rodriguez es la vena más salvaje y desprejuiciada de Tarantino, un privilegiado que rueda el tipo de películas que él adora y profesa una extrema devoción, sentimiento que es compartido por gran parte del público, ávido de recibir elementos primarios en el ser humano, esto es, violencia y sexo.

La anterior propuesta de Rodriguez, Planet terror, desconcertó a unos y encandiló a otros, ya que exhibía un nostálgico desfile de casquería de aparente bajo presupuesto con el que era difícil no comulgar y compartir una cercana simpatía o, al menos, esbozar una sonrisa por lo absurdo y exagerado de su apuesta. Si la gallina sigue dando huevos de oro, era lógica su explotación, y así parece resurgir un género, el del Grindhouse, que hoy destaca más por sus planteamientos cómicos que por su calidad global. Nada parece tomarse en serio en "Machete", desde su puesta en escena, pasando por el efecto de película desgastada, las interpretaciones sobreactuadas de los personajes, sus personajes planos y carentes de carisma alguno, (especialmente los femeninos, meros objetos de deseo) su guión plagado de convencionalismos y falta de chispa y del que no difiere en absoluto de las infames obras protagonizadas por Chuck Norris, aunque con tendencia ideológica y política totalmente opuestas. "Machete" no es más que una sucesión de set pieces de acción, en la que sorprende el humor negro y la ocurrencia compositiva de las primeras, entre las que se intercalan secuencias de diálogo anodino, y que no consigue evitar su autoagotamiento, una desquiciante capacidad de magnetismo y un prolongado declive a partir del ecuador de su metraje, desembocando en un final risible y falto de todo rigor  y epicidad. Ni siquiera las ínfulas del spaghetti western, las artes marciales y el espíritu televisivo consiguen hacer levantar cabeza a un producto que, a pesar de su descaro y de su pretendida simpatía por su intencionada defectuosidad, asiste a un desgaste progresivo que hace del chiste una broma de mal gusto. 

"Machete" supone un divertimento de puertas para adentro, una broma interna para deleite de viejas glorias, almas en pena y amigos íntimos de Rodríguez, donde la hipérbole, la chulería y el cachondeo suplen al guión tradicional. Incluso el aire crítico que respira el film, con el trágico tema del surgimiento de un brote xenófobo en EE.UU. por la inmigración ilegal y las propuestas de leyes contra el éxodo mejicano quedan en un segundo plano ante la pericia del protagonista en su mayor arte, el del desmembramiento y la aniquilación. Lo cutre y la caspa están de moda, tras "Los mercenarios", llega este "Machete" dispuesto, según las palabras del mismo personaje que interpreta, a "sacar la basura". Quizás debería empezar por su casa.

Carancho: Reparto de migajas

Hasta la fecha, el realizador argentino Pablo Trapero se ha caracterizado por destilar un cine cargado de crítica y denuncia social, así como un descriptivismo mordaz de los más bajos instintos de la condición humana. "El bonaerense" o "Leonera" dieron buena cuenta del talento de un director que ha sabido conectar con el espectador por un lado mediante la agilidad del ritmo impreso en su obra y, por otro, demostrar sus capacidades expositivas y su valía en aspectos puramente técnicos. 

"Carancho" supone otra hendidura en la llaga de la crueldad humana, del provecho económico gracias al sufrimiento ajeno, una inmersión a un submundo plagado de aves de rapiña dispuestos a sacar rédito de la desesperación y el abatimiento humanos. Trapero denuncia, con extraordinaria y milimétrica dedicación, un complejo y vergonzante entramado donde individuos con pocos escrúpulos actúan al margen de la legalidad y de sentido racional y moral alguno, mediante un discurso fluido aunque no siempre provisto del suficiente interés. Así, "Carancho" sube enteros cuando se enfrenta a esa bajeza moral y a profundizar sobre el tema de fondo, la trama que se cierne sobre el rentable negocio de los accidentes de tráfico, pero se deshincha en algunas bifurcaciones narrativas, pecando de previsibilidad y recursos tópicos en ese ambiente malsano que rodea este thriller. Afortunadamente, estos pequeños defectos son solventados gracias a una natural y convicente labor actoral, especialmente el tándem protagonista, quienes no sólo portan el peso del devenir fílmico, sino que se muestran como personajes heridos y sufridos en situaciones límite.

Técnicamente Trapero ha evolucionado respecto a su pasado, y así no sólo usa y abusa de su tradicional oscuridad fotográfica, de aire explícito, sino que flirtea con el plano secuencia, un tanto primario, mostrando verosimilitud y agilidad a momentos puntuales del metraje, lo cual no es síntoma sino de compromiso y responsabilidad por parte de un director con bases muy asentadas y una finalidad prediseñada. Pocos peros  se pueden reprochar a una película que, sin ser de gran altura, se antoja sincera, contestataria y muy cuidada, a pesar de su exterior sordidez y su decaimiento intermitente.

viernes, septiembre 24, 2010

El gran Vázquez: Simpatía y desvergüenza

La irrupción del mundo del tebeo y del cómic en los cines no siempre, mejor dicho, pocas veces ha sido  productora de gratos resultados. Mortadelo y Filemón trataron, con mayor pena que gloria, trasladar sus peripecias aventureras a un celuloide que evidenció la abismal diferencia entre el papel y el cine. Por ello, el acierto principal de El gran Vázquez es haber empleado este universo de la tinta y el papel únicamente como instrumento vehicular del retrato de un personaje digno del mejor de las tiras cómicas. 

Santiago Segura encarna a un Manuel Vázquez despreciable como persona y genial como artista, interpretando con solvencia los pasajes cómicos, aunque evidenciando sus carencias actorales en las secuencias donde el dramatismo copa protagonismo, defectos que se ven sabiamente ocultados con el sensacional apoyo de lujo de los secundarios, destacando a Alex Angulo, Enrique Villén y Manuel Solo. El film destila encanto y simpatía a raudales, máxime con la estupenda recreación de la Barcelona del 64 donde realidad y ficción cómica van de la mano, gracias a un humor blanco, inocente y socarrón, que incita a la carcajada merced al esperpento y la desvergüenza destiladas  por el protagonista. A pesar de su soltura, la película muestra síntomas de excesivo perfilado del personaje central (toda ella es una descripción del genial dibujante), y desprende un cierto estancamiento narrativo especialmente en el último tercio de metraje, aunque estos fugaces baches son inmediatamente superados y olvidados por una genialidad cómica.

La carencia de moralidad alguna y de valores de Vázquez, a pesar de aferrarse a unos principios más que discutibles, es sin duda el punto álgido y eje central del film, donde radica el peso del mismo y en torno a él giran las distintas ramificaciones narrativas que, con mayor o menor acierto, van surgiendo sobre la marcha. Esta disgregación nos permite conocer personajes ilustres como Francisco Ibáñez, descubrir episodios reales aunque aparentemente inverosímiles del dibujante, y, por encima de todo, admirar su obra y dedicación a sus personajes de ficción. Oscar Aibar demuestra su sabiduría del particular universo del cómic (no en vano comenzó viviendo de él) y firma su mejor película hasta la fecha, que no sólo engrandece su expediente personal sino que revitaliza, aunque sea brevemente, una carrera la de la cinematografía española no precisamente boyante ni la de que presumir. 

Sin ser una comedia de altura, El  gran Vázquez hace digno honor, mediante su espíritu anárquico y desenfrenado, a los tebeos a los que todos nos hemos asomado en algún momento de nuestra vida y que debemos mostrar a generaciones presentes y futuras. Vázquez así lo habría querido (siempre que hubiese remuneración a cambio, claro).

miércoles, septiembre 22, 2010

El americano: Sangre fría

No estamos ante la primera , y muy probablemente tampoco la última, vez que la promoción y los adelantos de los largometrajes en forma de trailers provocan una concepción y unas expectativas muy desorientadas y totalmente desvirtuadas del acabado producto final. "El americano" ha sido un claro ejemplo de una manipulación en forma de montaje que ha acarreado que muchos espectadores, tras el visionado de la película, se hayan sentido altamente defraudados. Y es que hay que dejarlo claro, "El americano" no responde a los convencionalismos del thriller norteamericano, más versado en aspectos rítmicos y de acción que de perfilado psicológico y profundización introspectiva de personajes, lo que ha generado cierta sensación de desazón e incluso repulsa a un film notable, de buenas hechuras fílmicas, pero carente de personalidad propia y capacidad independiente de progresión narrativa. 

Clooney siempre se ha caracterizado por simultanear en su vida profesional de forma muy inteligente su faceta de galán hollywoodiense con un meticuloso sentido de la selección de sus papeles, a veces incluso arriesgado. "El americano" supone un reto más en su dilatada carrera, cargando con el peso de la película y acaparando toda la responsabilidad, hazaña de la que sale airoso, interpretando un personaje solitario, gélido en su interior, pero profundamente dolido y deseoso de afecto humano (femenino). Su realizador, Anton Corbijn, se aleja de los esquemas del cine norteamericano y destila un inspirado estilo europeísta a la mayor gloria de Robert Bresson, adoptando una cadencia rítmica pausada, reposada, de la que resulta una película contemplativa, distanciada y muy cuidada en aspectos formales, encarando cada plano como una diapositiva pictórica para deguste del espectador. Sin duda éste es el mayor acierto del film, amen de la introducción de bellas metáforas, como la de la mariposa que personifica al protagonista, y que engrandece la labor del director como creador. No puede decirse lo mismo de su guión, piedra angular de todo film, y que en este caso evidencia sus carencias, su flagrante vacío expositivo, y lo que es peor, sus notorios signos de incapacidad de progresión y desarrollo, que la convierten en una película con acusados síntomas de hieratismo funcional crítico y nula capacidad magnética y empática con el espectador, aunque de ello, afortunadamente, no se derive el tedio.

El resultado es un trabajo magistralmente realizado a nivel técnico, pero carente de una propuesta sólida y de suficiente atractivo para el espectador medio, y que, combinado con sus defectos en el desarrollo fílmico, hacen de "El americano" un producto elegante, distinguido, muy alejado de los convencionalismos del thriller made in USA, pero que requiere de una mayor profusión y dedicación en su aspecto puramente literario y narrativo.

jueves, septiembre 16, 2010

El cine francés se queda huérfano sin Chabrol

El fallecimiento del que fue apodado como "el Hitchcock francés" ha causado una gran conmoción en el pais vecino, ferviente devorador de su propia cinematografía. No soy amante de repasar la vida y obra de aquellas personas que ya nos han dejado, para eso están los libros de cine y las biografías autorizadas, por lo que tan sólo apuntaré lo más importante de un muy productivo realizador que, a pesar de su irregularidad, consiguió meterse al público y a la crítica en el bolsillo gracias a su inspiración creativa y a su buen hacer, y eso es su trabajo, su cine. 

Chabrol elevó a los altares a la grandísima actriz que hoy es Isabelle Huppert, pero también contó con otras intervenciones de peso como las de Jean Louis Trintignant, Jean Paul Belmondo, Anthony Perkins y Jodie Foster, en una filmografía muy variada en cuanto a concepción y género. Bien es cierto que no siempre ha sido brillante, pero, sin haber abarcado toda su obra, puedo decir que no he conocido film alguno firmado por el cineasta galo que no reúna los mínimos exigibles de calidad. Cine de personajes, de actores en estado puro, de situaciones, conflictos y enfrentamientos, de inspiración teatral y de muchos, muchos quilates. Gracias por el chocolate, y por tu cine, maestro.



lunes, septiembre 13, 2010

Todo lo que tú quieras: Lecciones de paternidad

Achero Mañas se caracteriza por ser un director joven, prometedor, y que si cuenta con una corta filmografía no es, desde luego, por falta de dedicación o inspiración creativa, sino porque, como bien él mismo ha manifestado, necesita situarse tras la cámara cuando realmente está preparado y cuando dispone de algo que contar con el suficiente interés y atractivo. Tras la deslumbrante "El bola" y la incomprendida "Noviembre", el director madrileño vuelve a indagar en las interioridades humanas, hurgando en las fisuras de las relaciones sociales y personales, a través de ricas metáforas precisas en su planteamiento, aunque no tanto en su ejecución y desarrollo.

"Todo lo que tú quieras" deja en manos de Juan Diego Botto una responsabilidad que pesa como una losa, y esta es la de interpretar un doble rol, el de padre y el de madre, mediante un burdo acto de transformismo, con el único fin de tratar el shock psicológico que su hija pudiese sufrir tras haber sido testigo de la pérdida de su madre. Afortunadamente, las tablas del actor hispano-argentino salen a relucir y es él quien dirige magistralmente la acción de la película, un tanto arrítmica y falta de contenido en algunos momentos, pero siempre interesante y complaciente. Mañas trata de eludir con acierto la lágrima fácil, el exceso de dramatismo y la búsqueda del espectador, componiendo un relato sensible y emotivo a la par que crítico con la hipocresía social y los innatos prejuicios de la especie humana. Realidad y transformación se dan la mano en un texto que, si bien adolece de cierta falta de pulso, de un hieratismo intermitente y una ingenuidad incluso infantil, deja claro sus postulados y su mensaje catalizador. 

Sí se esperaba algo más de esmero en el aspecto técnico, pues el realizador madrileño abusa demasiado del formato televisivo, especialmente en la primera fase del metraje, resultando un montaje un tanto automático, y al que no ayuda la apagada fotografía, grisácea y de tonos oscuros, a la que cuesta acostumbrarse. Sorprende, por otro lado, aunque sin demasiados alardes, la partitura de Leiva, componente del grupo pop Pereza, especialmente en un par de temas donde subraya con precisión la emotividad latente que desprenden las imágenes.

Achero Mañas ha demostrado, y lo sigue haciendo, ser un director digno de elogio, por sus propuestas distantes de la corriente arquetípica en el cine español, y en "Todo lo que tú quieras" vuelve a ponerse el disfraz de realizador contador de historias cotidianas, familiares, profundas, sinceras y sentidas. Películas con mucho corazón, esfuerzo y sentimiento, irregulares, sí, imperfectas, también, pero humanas.