martes, octubre 13, 2009

Agora : En el nombre de Dios

Si por algo se caracteriza, entre otras cosas, Alejandro Amenábar, es por su paciente y laboriosa documentación preparatoria previa al rodaje de un nuevo proyecto. Sus dos últimas obras, “Los otros” y “Mar adentro” fueron filmes realizados con una profunda y exhausta investigación sobre el texto, con la sana intención de evitar errores que pudieran arrastrarse a la filmación. Agora no ha sido objeto de excepción, lo que ha provocado, por un lado, que el lapso de tiempo de filmación se haya dilatado y, por otro, que el nivel de expectación haya aumentado conforme se iban recibiendo noticias de este nuevo reto.

Amenábar se propone otro reto personal ahondando en una historia rica, virgen cinemátograficamente hablando, y que le sirve como mera excusa para realizar una exposición crítica del fundamentalismo religioso durante la expansión del cristianismo en las postrimerías del Imperio Romano. Formalmente la película no tiene peros, aunque bien es cierto que quienes hayan sido testigos de las obras clásicas del péplum verán en Agora una hermana menor de aquellas obras míticas. El director se desenvuelve con soltura entre los recovecos de la biblioteca de Alejandría o en los enfrentamientos bélicos en el propio ágora gracias a un sabio uso de las grúas y del travelling, otorgando plena visión de una ciudad expuesta a los postulados de los fanáticos religiosos, capaces de mover masas y de lanzarlos al suicidio colectivo gracias a su poder de oratoria.

Los problemas de “Agora” provengan quizás en el aspecto narrativo, ya que el film se mueve entre lo instructivo y lo crítico, entre el drama romántico y el conflicto político-religioso, pero lo hace con ciertos vaivenes que no consiguen aunar con lógica fílmica un discurso que se desarrolla con excesiva frialdad y de espaldas al espectador. Así, las teorías astronómicas del personaje de Hypatia, un personaje rico en matices al que se le podía haber extraído mucha más información y protagonismo, quedan en un mero segundo plano ante la trama religiosa, provocando una cierta “cojera” que no reacciona hasta el tramo final del metraje. Ciencia y religión conviven durante todo el film pero en campos opuestos, sin tocarse, para finalmente dar respuesta a un desenlace quizás incoherente. Por otro lado, la frialdad de los personajes provoca la desnaturalización del aspecto romántico, y así asistimos a un gélido flirteo a dos bandas que no acaba de cuajar, al que le falta cierto brio y le sobra contención.

Agora es un film formalmente notable, interesante en todo momento,e incluso brillante en alguna de sus secuencias, pero que peca de cierta falta de conexión en sus diversas ramificaciones y sus postulaciones. Amenábar profundiza en exceso en el conflicto religioso, quedando sus intenciones claras y patentes, pero descuida la trama subyacente que ofrece mayor interés al espectador. No debemos olvidar que el film ha sufrido una mutilación de 20 minutos con respecto a la edición original que se proyectó en Cannes, circunstancia ésta que le ha podido hacer valer una pérdida de detalles y de elementos que enriquezcan las disgregaciones secundarias de Agora. Amenábar se reivindica como un buen director en potencia, muy centrado en su trabajo y consciente de sus pretensiones, y ese ascenso progresivo de peldaños le llevará a la cima. De momento, sigue aprendiendo.

lunes, octubre 05, 2009

REC 2 : Potencia sin control

Mucho se esperaba de la secuela de uno de los sleepers del reciente cine español. REC fue una película de bajo presupuesto rodada en cuatro semanas y que demostró que aún es posible innovar en un género tan en baja forma y excesivamente trillado como es el de terror. La originalidad narrativa de REC, mezclado con la eficiencia para generar miedo en el espectador, personificada en un crescendo de emociones y sensaciones de agobio y congoja, consiguieron dar en el centro de la diana y aunar el criterio (positivo) de crítica y público. Pero, a pesar de las iniciales reticencias de sus directores, Jaume Balaguró y Paco Plaza, de realizar una secuela, el hecho de dejar cabos de guión sueltos, un final abierto, la venta de derechos para un remake norteamericano y el éxito de taquilla fueron motivos suficientes para emprender una nueva incursión en esa casa calificada como el infierno con mayúsculas.

No nos engañemos, REC 2 no es una mala película, pero desgraciadamente no causa el efecto que sí generó la primera entrega. Ya no se trata, obviamente, del efecto sorpresa, que se ha perdido por el camino (REC gozó de una estupenda campaña de marketing que optó por no desvelar secretos de la historia ni del rodaje), y es que el espectador ya conoce la historia precedente y sabe a lo que se va a enfrentar. REC 2 opta por atar esas líneas sueltas de guión que quedaron pendientes, girar en parte el curso de la historia, y potenciar al máximo la envoltura formal. Balagueró y Plaza estructuran el devenir narrativo en tres líneas de guión que, si bien tienen en principio inspiraciones independientes, finalmente convergen en el mismo núcleo de ese infierno transformado en arquitectura urbana. Desgraciadamente esas tres líneas no gozan de la misma intensidad, lo que provoca cierta irregularidad rítmica en el metraje.

REC 2 se inicia a lo grande, desplegando todas sus armas. Un equipo de operaciones especiales se adentra en la casa y, gracias a las cámaras que portan en sus cascos, asistimos a los mejores momentos del film, ya que el espectador tiene en todo momento una visión global del terror, a la vez que proporciona espectacularidad y una sensación subjetiva de implicación en esos angostos y lúgubres pasillos. La acción discurre con precisión en esta fase y esa emoción se transmite al espectador, que apasionado, ve como la nave Nostromo se ha convertido en una pequeña omunidad de propietarios. Pero tras esta explosión de buen cine de acción, la película transcurre por otros derroteros más cotidianos, realistas, que logran disminuir la intensidad de la narración, presentando nuevos personajes con los que el espectador no comulga (es más, despierta en él el deseo de que "desaparezcan" lo antes posible), y esos meros diez minutos son suficientes para conseguir una desconexión de un film que hasta el momento no proporcionaba terror pero sí tensión y adrenalina en forma de celuloide.

No es sino con la conexión de nuevo con el eje principal del guión cuando REC 2 vuelve a generar interés, desembocando en el rescate de un personaje que da sentido al díptico en su conjunto (aunque los codirectores pecan de evidentes y redundantes, en el sentido que el plano final se sobreentiende). Por el camino éstos se han permitido el lujo, mitad curiosad, mitad sonrojo, de realizar homenajes al género (el de El exorcista en más que evidente), evocando a Aliens o "La noche de los muertos vivientes", pero lo más sangrantes es que esta potenciación de la acción ha degenerado en una disminución del efecto terror, que ha desaparecido por completo en pos del suspense por el susto de rigor. Sólo la fase final del metraje, que nos adentra de nuevo en el núcleo del miedo, y esa intermitente utilización de la cámara de visión nocturna, proporciona cierto desasosiego.

En definitiva, REC 2 ha sabido utilizar los mecanismo propios de una secuela sin caer en acomodados convencionalismos de género, y ofrece al espectador un viaje por las interioridades del infierno, multiplicando la casquería y el frenesí rítmico, bajo un impecable aspecto formal, pero en detrimento del miedo y del leit motiv del film, el terror.

Si la cosa funciona : Cotidianeidad dignificada


Retorna Allen, tras su irregular periplo europeo, a la senda neoyorquina, con todo lo que ello conlleva y que los seguidores del realizador ya deducirán. Atrás quedaron los flirteos con el drama, los apasionados retratos de parejas en ciernes, los tintes de cine negro, las traiciones y corruptelas traseras, etc. "Si la cosa funciona" era un guión que dormía el sueño de los justos en uno de los cajones de Allen, y es que fue escrito en su día para ser interpretado, en su papel principal, por Zero Mostel, lo que frustró la muerte de éste.

Revisado y actualizado, el texto de "Si la cosa funciona" funciona y rueda a las mil maravillas a pesar de contar con elementos tradicionales en la obra del director judío. Larry David, alter ego en el film del propio Woody Allen, encarna a la perfección sus neuras y ese particular carácter, mezcla de cascarrabias y adorable anciano, aunque aún muy lúcido. Allen retrata una sociedad carente de valores, una juventud con pocas expectativas (consecuencia en parte de un nefasto sistema educativo), y vuelve a cargar contra la derecha recalcitrante y reaccionaria, la falsa democracia, la religión como falso refugio de la infelicidad e incluso la inestabilidad familiar derivada de la falta de comunicación y la imposición de principios propios. Gracias a ello, y partiendo del eje principal de la relación amorosa entre una joven y un antiguo físico entrado en años (que ahora se gana la vida dando clases particulares de ajedrez a niños), Allen incluye evidentes dosis autobiográficas sobre la hiriente visión de la sociedad ante tal diferencia de edad, justificándola y exigiendo el respeto ajena bajo la máxima "Si la cosa funciona".

Con tal premisa Allen se viste de profeta del buenrrollismo, de lo políticamente correcto, fluctuando por recovecos que incluyen la homosexualidad, el liberalismo y la vida bohemia y contemplativa, siempre desde un prisma cómico y no falto de acidez y socarronería. Larry David se convierte así en esa conciencia que dice lo que debe y no debes hacer, mientras que vive aislado y apartado del alocado mundo al que odia (en este sentido nos puede recordar a otras cintas del director como Manhattan, "Desmontando a Harry" o "Todo lo demás"). Además, Allen no olvida que tras la pantalla hay un público expectante, y por ello crea una empatía entre protagonista y espectador digna de aplauso (no faltan las características secuencias donde el personaje mira a la cámara y se dirige al público), inciendo así en lo que siempre ha enfatizado Woody Allen, más que un director de cine es un contador de historias.

"Si la cosa funciona" supone el retorno al cine tradicional de Woody Allen, aquel cargado de ironía bajo una sencilla historia donde convergen diversos puntos de vista sobre, esencialmente, el amor como centro de choque. Quizás peque de una puesta en escena excesivamente teatral, pero ante tal sabiduría en la dirección de actores (Allen es capaz de dignificar cualquier interpretación). Por otro lado, al film le falta algo de garra en algunos pasajes, especialmente en la fase donde la relación protagonista se va afianzando, ya que, aunque sin caer en el tedio, la sucesión narrativa se estabiliza y parece pedir ayuda.

Un título más en la vasta obra de un espléndido autor que, sin explotar ningún tipo de innovación, y basándose en meros acontecimientos cotidianos sabe dotarlos de un don cómico y un mensaje moralizante que se adapta perfectamente a los cambios sociales, esos que, casi siempre, son a peor.

martes, septiembre 29, 2009

Jennifer's body : Cuerpo y alma

El cine de terror está en pleno declive, es innegable. Aquellos que gustan de este género y disfrutaron con los míticos clásicos de los 70 y 80 hoy se retuercen en sus butacas al contemplar no sólo cómo los esquemas se repiten una y otra vez, sino también cómo los referentes son ninguneados y pisoteados con estrepitosas actualizaciones y burdos remakes de dudosa calidad y que poco aportan a la idea original y que apuntan directamente al público menos exigente, el del consumo rápido. Fruto de ello son los remakes de películas cada vez más recientes, y lo que es peor, inspirándose en originales de una mediocridad aplastante (véase el reciente caso de "San Valentín Sangriento 3d), lo que indica que no se trata sólo de profanar clásicos sagrados, sino de mutar todo aquello que provenga del género terror, por anodino que resulte.

Afortunadamente no todo es aridez en este sentido, y a veces se divisan tenues luces al final del túnel. Si hace poco reivindiqué "Arrástrame al infierno", debido a su descarado revival ochentero, no puedo sino elogiar las virtudes de Jennifer's body que, sin ser muchas y en absoluto deslumbrantes, consigue desligarse del putrefacto cine de terror que inunda las pantallas a pesar de manejar elementos y recursos poco innovadores y nada complacientes. Así, institutos (high schools norteamericanas), adolescentes con las hormonas disparadas, sexo y terror con toques gore es una mezcla explosiva que atrae al público teen, con la consecuente y a priori falta de ideas de rigor, pero que en Jennifer's body logra un divertimento gamberro, de cierto aire televisivo, poco riguroso pero ciertamente entretenido.

La firma del guión por Diablo Cody, oscarizada por Juno, era el único crédito que podía evidenciar muestras de calidad, y aunque el texto no destaca por su solidez y su aplomo, otorga credibilidad a unos personajes con pocas expectativas vitales, explotadores al máximo del carpe diem. Personajes arquetípicos pero bien perfilados proporcionan cierta fluidez e impulso al desarrollo de la acción, potenciada con diversos encuentros sexuales rodados con una contención casi puritana y que exaltan la figura de Megan Fox, personificada a la perfección en el pecado carnal, en la tentación física, papel éste en el que la hasta ahora dudosa actriz se desenvuelve como pez en el agua.

Desgraciadamente su previsibilidad, donde no hay opción ninguna para la sorpresa, y algunas líneas de diálogo realmente sonrojantes y que lastran el efecto dramático de algunas secuencias, quitan hierro a un film totalmente irrelevante e ingenuo, pero que se ríe a mandíbula batiente de los elementos arquetípicos que circundan el terror teen actual. Jennifer's body huye de la sobreexplotación sexual de su protagonista en pos de una ridiculización de la masculinidad más frívola e insensible, al tiempo que, sin pretensión alguna, se divierte con la mezcolanza de elementos tradicionales de género. Indicada como mera curiosidad dentro del subgénero que hoy en día es el cine de terror.

lunes, septiembre 21, 2009

¡¡Campeones!!

La selección española de baloncesto sigue haciendo historia y ayer se alzó con el Campeonato de Europa, título que hasta ahora se les había resistido. Aunque fueron cuestionados tras su titubeante inicio de competición, donde estuvieron al borde de la eliminación, los chicos de Sergio Scariolo supieron reponerse e hicieron el baloncesto al que nos tienen últimamente acostumbrados, el de fantasía. Tanto es así que en la final contra Serbia la diferencia llegó a estar en 29 puntos, lo que denota en que nivel está nuestra selección en este momento y dónde está el resto.

Gracias por haber demostrado que el deporte no sólo es fútbol.

Malditos bastardos: Arriesgado nihilismo

Resulta totalmente innecesario, a día de hoy, hablar de las excelencias de la obra de Quentin Tarantino. Con una filmografía aún muy corta, es innegable que ha sentado cátedra en ámbitos como el estilo narrativo, la contención del tempo, la desdramatización de futuras escenas cruentas y sanguinarias o la utilización de la violencia en el cine como recurso cómico, creando referentes para jóvenes que lanzan al mercado sus primeras propuestas fílmicas. No obstante, no estamos ante un innovador (Sam Peckinpah sí revolucionó la forma de plasmar la violencia en pantalla), sino ante un alumno aventajado que sabe refundir muchas influencias pretéritas en un producto nuevo y otorgarle un valor distinto al original.

Tras el traspiés que supuso Death proof, tanto a nivel de crítica como de público, por su excesivo ombliguismo y su vacuidad literaria, Tarantino se atreve con la Segunda Guerra Mundial, pero no al uso, de corte épico y grandilocuente, sino adaptándola a su particular visión. Desgraciadamente, el realizador busca desesperadamente la película que vuelva a otorgarle la calificación de "revolucionario" del cine, como sí consiguió con Pulp fiction, y ni el desequilibrado díptico misceláneo de Kill Bill, ni el estrépito de Death proof, ni esta descompensada "Malditos bastardos" le volverá a hacer ser mercedor de tal distinción. Y es que, a pesar de cambiar el escenario, las mismas premisas están presentes en su nuevo proyecto. Tomando muchos referentes, como el spaghetti western, el cine europeo bélico de los 60 y 70, el evidente homenaje a "Doce del patíbulo" y un elenco de actores convicente (encabezados por Cristoph Waltz, en absoluto estado de gracia), Tarantino fantasea, de nuevo a través de perspectivas formalistas y excesivos diálogos, brillantes, pero absolutamente fuera del contexto fílmico, con un cambio de rumbo radical a la Historia contemporánea.

En esta ocasión no hay fragmentación y posterior desordenación secuencial, de modo que el espectador no se verá abocado a resolver al puzzle composivo que el director le plantea. La linealidad que recorre el metraje, unido a esa división en cinco capítulos, no logra sino acrecentar la sensación de hieratismo y tedio en determinadas secuencias (como el cuarto capítulo, totalmente innecesario, aunque Tarantiniano al 100%). Por otro lado, y como ya ocurriera en su anterior film, los destellos de brillo y savoir faire son intermitentes (es el caso del primer y quinto capítulos, narrados , en el caso del primero, con un sobresaliente, y Leoneano, sentido del suspense, mientras que el quinto fluctúa entre la comedia (esos falsos italianos son tronchantes) y el fatalismo ejemplificado en forma de incendio, con un añadido moral (el asesino queda marcado de por vida). Un análisis global del film invita a reflexionar sobre la discutible necesidad de dilatar hasta el hastío determinadas secuencias, especialmente en el caso que nos ocupa, ya que la estructura argumental, simple y escueta, no puede soportar tal cantidad de diálogos sin rumbo ni dirección y que parecen alargar sin fin el metraje tan sólo con la única finalidad de demostrar, por parte del director americano, su valía como escritor, algo que, a estas alturas, parece redundante e innecesario.

Con todo, Tarantino vuelve a demostrar su afición por las películas descatalogadas, por la montaña de películas de saldo del videoclub, y lo traslada a un guión propio, con un uso singular de la música, impredecible aunque eficaz, pero vuelve a ahondar, llegando a ser reiterativo, en los recursos que en el pasado le concediesen la distinción de enfant terrible del cine. Hoy Tarantino no tiene que demostrar nada, y tan execrable es el fanatismo exacerbado como la persecución a rajatabla, por lo que "Malditos bastardos" no supone su obra maestra ni su descenso a los infiernos. Tan sólo estamos ante un film peculiar, fugazmente sobresaliente, pero excesivo y anárquico en sus postulaciones narrativas. Distinción sí, pero no a cualquier precio.

jueves, septiembre 17, 2009

San Valentín Sangriento 3D: Romántica patada en la entrepierna

Algunas modas resultan perniciosas, y la última relacionada con el mundo del cine es la de hacer remakes de películas de terror de los años 70 y 80, pero ya no sólo destrozando clásicos como Halloween o "La matanza de Texas" con sucesivas y pestilentes revisiones, sino que cualquier film menor y mediocre del género se apunta al carro con tal de ofrecer un producto de rápido consumo para el público teen. Salvo honrosas excepciones, como fue "Las colinas tienen ojos," todas estas nuevas producciones han resultado ser un fiasco y un insulto al producto original, y desgraciadamente la cinta que nos ocupa no ha sido una excepción.

"San Valentín Sangriento" (lo del 3D ya es optativo) es una nueva adaptación del título homónimo de 1981, film canadiense de ínfimo presupuesto que, sin ser un referente en el género, demostró que se podía hacer cine de terror de mediana calidad con estrecheces presupuestarias (como también fue el caso de "Posesión infernal," de Sam Raimi, 1982). Aquí no existen problemas económicos, pero sí de técnica de guión y de originalidad e innovación narrativa, algunos preocupantes. Patrick Lussier, responsable de bazofias tales como "Angeles y demonios 3", White noise 2 o "Drácula 2001", activa el piloto automático tras la cámara y cae, con plena consciencia, en todos los clichés y situaciones comunes propias del género (véase golpes de efecto, apariciones repentinas, comportamiento incomprensible de algunos personajes, etc), siendo incapaz de crear un clima malsano que realmente inquiete al espectador. Lussier se limita a exponer, por enésima vez, el eterno dilema de quién es el asesino, quién está tras esa máscara, señalando diversos falsos culpables. Desgraciadamente Lussier no es Hitchcock y su capacidad de generar suspense y engañar al espectador es nula, por lo que fácilmente y con mucha antelación se podrá adivinar la incógnita que plantea el film.

"San Valentín sangriento" no pretende renovar el género, pero difícilmente se puede caer en cotas tan míseras como las de este subproducto dirigido a un público muy poco exigente que debe comulgar con un slasher tan poco carismático como un minero. Eso sí, aquellos que gusten del gore quizás disfruten parcialmente de las secuencias de ejecución, ya que la violencia se muestra en primer plano con un uso excesivo de hemoglobina falsa. Lástima que el guión no posea una mínima coherencia, que se recurra al regreso constante a la mina de un modo gratuito, que no se perfile en absoluto a los personajes, que la historia no tenga ni pies ni cabeza y que queden mil cabos sueltos, y es que no se puede vivir exclusivamente de formalismos, de "homenajes" a Tobe Hopper, Stanley Kubrick o Lucio Fulci, de aisladas escenas de brutales y sanguinarias muertes sin una lógica narrativa que proporcione un empaque a un producto que nace muerto y cuyo metraje se hace eterno y casi ridículo.

Para aquellos que gusten del 3D, señalar que prácticamente esta funcionalidad se limita al acercamiento hacia la pantalla (espectador) de diversos objetos (un pico, una pistola, algún que otro pedazo de carne humana), no ofreciendo demasiados alicientes para desembolsar la diferencia de precio que supone esta no tan nueva tecnología. Así que, si desea pasar un mal rato viendo una infame película de terror que no provoca pavor alguno, vaya a verla en un pase convencional. Si además quiere ser estafado, opte por el 3D. Para gustos los colores, y para terror del bueno, "El exorcista".

lunes, septiembre 14, 2009

District 9: Apartheid alienígena

De la mano de Peter Jackson, en labores de producción, aterriza District 9, plataforma de lanzamiento para el desconocido Neill Blomkamp y que intenta, con acierto y solvencia, dar un paso más allá en un género tan difícil de innovar como es el de la ciencia ficción. District 9 propone una historia de invasiones entre la raza humana y la alienígena, pero sólo como punto de partida y muy lejos del eterno conflicto interplanetario que tantas veces se ha llevado a la gran pantalla, y en muchas ocasiones con desiguales resultados. Por ello, cabe advertir que no nos encontramos ante una película al estilo de la tetralogía Alien, ni la hiperbólica Starship troopers (Paul Verhoeven, 1997), aunque no renuncia, obviamente, a elementos de acción de intenso ritmo.

Neill Blomkamp nos realiza una disección pormenorizada de la codicia humana y sus consecuencias ante situaciones extremas, mediante una bifurcación que flirtea entre el falso documental y la ficción convencional. Así, en su primera parte asistimos a un estilo puramente periodístico que sumerge al espectador en pleno Distrito 9, con un sabio uso del video digital y la cámara al hombro, realizando una presentación de personajes y de situaciones fluida y perspicaz. Por otro lado, el director evita caer en los convencionalismos de otorgar personalidad a los bandos, de modo que en District 9 no hay buenos ni malos, la única amenaza que combaten los humanos viene dada por su propio comportamiento. Es aquí donde se consiguen los mayores logros del film, mediante pinceladas que describen a la perfección una sociedad militarizada, y un gobierono burocrático, totalitario e intolerante, que ve en el extraño una pieza de colección con la que acaudalar fortuna, apoyado por un sistema de medios de comunicación que no dudan en manipular la información si así consiguen determinados réditos. La innata codicia humana se plasma en todas las escalas, desde lo alto de la pirámide institucional, pasando por los insurgentes y llegando al individuo en sí mismo, y Blomkamp acierta de plena en ese análisis donde el todo por la pasta es la máxima a seguir.

A nivel técnico la película brilla a gran altura, y lo que es loable, los efectos especiales están al servicio de la historia, sin que los alardes técnicos (exceptuando algún que otro exceso con los mechas) respondan a líneas de guión gratuitas. District 9 apuesta por los valores morales ante situaciones de extrema dureza, y consigue eludir el panegírico familiar y almibarado a pesar de contar con elementos que pudieran dar lugar a ello. La acción cobra sentido en su segunda mitad, llegando a alcanzar altas cotas de espectacularidad bajo una dirección milimetrada y un montaje lejos del frenético estilo videoclip que abunda hoy en este género.

District 9 supone un espléndido soplo de aire fresco al género de la sci fi, y logra, partiendo de recursos de guión convencionales y prototípicos del género, no sólo entretener al espectador, sino también ofertarle un constante dilema moral, donde la especie humana, como siempre, sale perdiendo.

miércoles, septiembre 09, 2009

Gamer: Dominación digital

Cine y videojuegos nunca ha sido una combinación de fácil digestión. A los hechos me remito: Mortal Kombat, Street fighter, Doom, House of the dead, Blood Rayne han sido ejemplos de esa creciente montaña de subproductos pestilentes que, apoyándose en el tirón comercial de un videojuego, han tratado de captar y atraer al cine a aquellos expertos en el manejo del pad y el ratón. Por ello, el primer contacto con un film como Gamer siempre tiende a la precaución y al desasosiego.

Afortunadamente, Mark Neveldine y Brian Taylor, co-directores de aquel exceso entretenido llamado Crank : Veneno en la sangre, vuelven a mostrar su pasión por las nuevas tecnologías y el entretenimiento digital llevándolo a su máximo extremo, como una forma de Leviatán, un Estado que domina a sus súbditos y los manipula a su antojo cual marionetista. El resultado es impactante, no cabe duda, pero ciertamente desconcertante. La intensidad de las secuencias de acción, totalmente adrenalíticas y estructuradas a base de esa incomprensible moda del videoclip que provoca la extenuación del espectador, se fusionan con tiempos muertos, flaquezas de guión y mensajes moralistas que no se sabe con certeza a dónde conducen.

La sociedad, no tan futurista como parece, que se nos presenta en Gamer es absolutamente apocalíptica y estremecedora. La persona ha quedado totalmente anulada, postrada durante horas ante la pantalla que muestra a su yo virtual, un personaje imaginario que transmite las sensaciones y estímulos del jugador. Obviamente, no tardarán en surgir las más bajas pasiones y las más obscenas perversiones humanas a la palestra, configurando un sistema social basado en el sexo más sucio posible, en el castigo físico a los transgresores de la ley y la violencia extrema, todo ello bajo un sistema de pago que enriquece sustancialmente a sus creadores.

Gamer peca de efectista, a pesar de su solvente factura y empaque, que consigue transmitir al espectador repudio y esperpento por esa escala de valores, epatándolo a base de una planificación abrupta, vertiginosa e irracional. Quizás para aquellos más jóvenes, aficionados al sector de los videojuegos, pueda suponer un intenso tour de force y un original periplo por el infierno humano, pero nada más lejos de la realidad. Sin perjucio del oficio y de la intensidad con la que Neveldine y Taylor ruedan y montan sus películas, Gamer no es más que un pastiche de deja vu, donde caben elementos obvios como Perseguido (Paul Michael Glaser, 1987) y 1997: Rescate en Nueva York (John Carpenter, 1981) y otros menos evidentes como Réquiem por un sueño (Darren Aronosfsky, 2000) o Battle royale (Kinji Fukasaku, 2000), donde la televisión se adueñaba de la capacidad de discernir de sus fieles y los manejaba a su merced, cayendo así en un estado de alineación guiado por el consumismo y la satisfacción inmediata como premisas supremas.

Con todo, Gamer evade la etiqueta “cine de videojuegos”, sino que utiliza éste como telón de fondo y vehículo narrativo, aunque de un modo errático e hiperbólico, sometiendo al espectador a un desequilibrado y estridente discurso de evidentes ínfulas kubrickianas, pero que en ningún momento raya a la altura de su mecánica naranja.

martes, septiembre 08, 2009

Vuelve el furgol

No, no me refiero a la guerra del fútbol que se ha abierto con el tema de los nuevos canales de TV ni a la locura desatada con el despilfarro florentiniano en fichajes para su empresa-equipo. Me refiero a algo quizás más frívolo aún pero que cada año también genera sus enfrentamientos entre los seguidores de Pro Evolution Soccer y Fifa. El juego de EA Sports dio el año pasado un salto cualitativo, superando a su eterno rival en cuanto a acabado técnico y jugable, aunque no en ventas, y es que el nombre Pro da mucho dinero.

A un mes escaso de su lanzamiento, EA Sports saca los dientes y presenta su FIFA10, que viene a pulir los pocos errores que contenía su predecesor, como fluidez en las animaciones, un mayor diseño táctico y disparos a puerta más precisos que, unido a las grandes bazas que ya poseía el juego, como la cantidad de licencias y los excelentes modos online, dan como resultado el Fifa 09 que debía haber sido. Para muchos quizás se nos antoje caro pagar 70 euros por tan pocas novedades, y es que era mejorar lo inmejorable, pero el fútbol vende y la gente paga. Ya lo decía los incombustibles AC/DC, Money talks.

Batalla campal, just for fun

No quiero hacer aquí, para evitar malinterpretaciones, una rajada de la juventud actual que, como todo en esta vida, adolece de severos defectos pero también posee sanas virtudes (las generalizaciones nunca han sido buenas). Pero uno se plantea, tras visionar esas imágenes grabadas con un móvil que delatan que hoy cualquiera puede ser periodista, donde la policía se enfrenta a multitud de jóvenes en una batalla campal en Pozuelo de Alarcón, muchas preguntas e inquietudes.

No soy partidario del botellón, no lo considero en absoluto ni constructivo ni, por supuesto, higiénico, pero no abogo por su prohibición. Los jóvenes han plantado cara al alto precio del alcohol mediante formas alternativas de "ocio", otra cosa es que sean más o menos acertadas, es decir, si realmente se busca el mero disfrute junto a amigos y una copa que anime el matabolismo o, por el contrario, y me temo que por aquí van los tiros, el fin deseado es la borrachera injustificada. Es un hecho, está ahí, cada cual deberá elegir si quiere formar parte del rebaño o no, a pesar de que ese rebaño no sea lo suficientemente cívico como para recoger la suciedad creada o tratar de no pertubar, en la medida de lo posible, el descanso de los vecinos que precisan de silencio. Cuestión de civismo y educación, algo que por aquí, por desgracia, no se ve en exceso.

Pero sin duda lo más preocupante es lo evidenciado el pasado sábado en Pozuelo de Alarcón. Todos creíamos al ver las imágenes que estábamos ante la común manifestación antisistema, antifascista o antialgo, que, por muy legítimos que sean sus fines perseguidos y muy pacífica que pretenda ser, siempre acaba en altercado policial donde todo el mundo se excede, manifestantes y policías. Es la guerra urbana y no hay normas, todo vale. Pues no, lo inquietante es que los protagonistas eran jóvenes estudiantes, muchos de ellos de alto nivel adquisitivo, que no perseguían un fin (véase social, político, medioambiental, etc.), sino la pura diversión. Uno lanzó una botella, el otro le respondió, y así la cadena se fue extendiendo hasta llegar a un estado de sitio donde no existían manifestantes ni represores, tan sólo verdugos, de uno y otro bando. ¿Niñatos aburridos en busca de nuevas experiencias? ¿Abuso de derecho? ¿Falta de educación? ¿Brutalidad policial? Probablemente todas estas respuestas tengan una respuesta positiva, pero hay que pensar que todo ello no surge de la nada, sino que siempre hay un punto anterior que flaquea y da pie al error. Educación ante todo, por favor.

miércoles, septiembre 02, 2009

Vuelve el mejor Batman

La experiencia nos ha demostrado que las licencias cinematográficas, a pesar de su aparente rentabilidad, no van acompañadas de resultados satisfactorios en su conversión al videojuego. Las prisas son malas consejeras, y el afán por lanzar al mercado un producto en la misma fecha que el estreno de la película provoca desarrollos apresurados, inacabados y en ocasiones, funestos. No ha sido éste el caso de Batman Arkham Asylum, que se ha inspirado en el cómic homónimo y que no se ha visto presionada por un estreno cinematográfico. De hecho, el juego ha sufrido varios retrasos motivados por la voluntad de los desarrolladores de crear un juego de calidad y que convenza al jugador que su esfuerzo económico ha valido la pena.

Batman Arkham Asylum es una delicia para los jugadores y para los cinéfilos, puesto que no sólo su jugabilidad es exquisita, donde manejamos a un héroe sin superpoderes, vulnerable, y que deberá utilizar su ingenio y sus dotes escurridizas para dar caza al Joker, íntimo enemigo del hombre murciélago; sino que su guión es puramente cinematográfico (obra de Paul Dini), y su capacidad de absorción es tal que pasan las horas ante la pantalla sin caer en momento alguno en el tedio. Por otro lado, la calidad técnica es espléndida, con un alto detalle gráfico y un sonido que se adecúa a las distintas situaciones del juego.

Puede decirse sin reparos que estamos ante el mejor videojuego jamás creado de Batman, un personaje sobreexplotado en este sector y que no siempre ha sido tratado como se merece. Con esta entrega el jugador disfrutará de lo lindo, el amante de los cómics quedará asombrado y el cinéfilo dará el ok a un guión solvente y fluido. Batman, ¿juego del año? No lo dudaría...

martes, agosto 25, 2009

Fanatismo virtual

Que sí, que emular a los grandes ídolos del rock n' roll en tu casa sosteniendo una guitarra o una batería de plástico puede resultar bastante friki (peor es la fiebre del air guitar), pero a los que nos han tocado la fibra sensible con la saga Guitar hero y Rock band, el hecho que salga un videojuego de estas características de The beatles no nos despierta sino las ganas de catarlo.

El 9 de septiembre saldrá a la venta The beatles : Rock band, donde podremos recorrer la historia del mítico grupo de Liverpool a la vez que interpretamos, bien a la guitarra, bajo, batería o voz (o todo a la vez) sus canciones. Una fantástica noticia para los melómanos jugones. Hay que decir que los periféricos de Rock Band son válidos para este juego, aunque Harmonix ha visto negocio en este sector y ha lanzado unos instrumentos que recrean los reales que usaba el cuarteto británico.

En unos días estaré en el tejado del Apple Corps. tocando Get back. De momento sólo puedo recrearme con la genial intro de este juego.

lunes, agosto 24, 2009

Anticristo, la tortura de Von Trier

Ver una película de Lars Von Trier no es nada fácil. Conlleva un ritual de preparación que comienza desde la misma mañana del día que decides acercarte al cine a ver una obra del controvertido danés. Pero peor es escribir sobre su trabajo, y más con obras como "Anticristo", donde rompe con la elegancia y el buen trato al público que demostró en "Bailar en la oscuridad" para someterlo a un mal trago, no por la baja calidad de su proyecto, sino por lo distinto, arriesgado y enfermizo de lo propuesto.

Von Trier ha manifestado que ideó y realizó esta película en un estado de profunda depresión. A modo de terapia, quiso exorcizar sus demonios con un film donde muestra la parte más oscura y negativa del ser humano, el sentimiento de culpa, la autoflagelación, el martirio y el sometimiento. "Anticristo" siembra muchas dudas, no puedo decir que he entendido fotograma a a fotograma el mensaje que propone la película (si lo diría, mentiría), pero no puedo sino aplaudir la decisión de determinados directores de proponer algo distinto, que te haga reflexionar, aunque pueda ocasionar rechazo e incluso repulsión por lo escandaloso de sus imágenes. Coitos reales, trepanaciones de extremidades, eyaculaciones sangrantes, violencia intensa y una ablación en primer plano no es un menú de agrado generalizado, pero los cinéfilos recordaremos haber visto comer excrementos a humanos en "Saló", de Pasolini. No se trata del todo vale, de quién hace la barbaridad más escandalosa, sino de integrar lo repulsivo en un discurso coherente. Y creo que Von Trier lo consigue (fui el único de los cinco que éramos en la sala que lo vio así, ya que el resto emigró a los pocos minutos de iniciada la proyección).

"Anticristo" no es una mala película (una mala película es "Guerra de novias" o "G.I.Joe", donde la nada se erige en guión). "Anticristo" es una película que no recomendaría a ningún amigo, pero que defiendo, aunque no ondeo la bandera del arte y ensayo, ya que propone algo distinto, invita a la reflexión. Quizás Trier quiere introducir demasiados elementos reflexivos en su discurso y eso lo hace denso e inabarcable, y es que por mucho que uno se preste y lo intente, resulta imposible dar sentido lógico a todo el cúmulo de sentimientos, pesadillas, visiones e ilusiones que plantea el danés. Una película anárquica que no deja indiferente y que deja huella en el espectador, y que posee ecos de la magistral "El imperio de los sentidos", de Nagisha Osima, con el surrealismo de Buñuel y la quietud de Tarkovsky (no en vano, el film está dedicado a éste). Un cóctel incendiario que, a pesar de su imperfección, e incluso de sus errores de bulto, supone una propuesta alternativa para evadir los calores veraniegos.

miércoles, agosto 19, 2009

Música a la carta

Hay artistas que lo dan todo en el escenario, que se dejan la piel, y que son capaces de estar más de dos horas sobre él disfrutando de su trabajo. Podríamos enumerar muchos de ellos, pero pocas, por no decir ninguna, vez he visto peticiones en directo a un artista. Es el caso de este "Live by request" al que el genial David Bowie se ofreció, donde diversas personas realizaban llamadas en directo, contactando directamente con el artista y solicitándole que les interpretara una canción (obviamente de su repertorio). He podido ver el concierto en su integridad y tengo que rendirme ante este hombre. Su extensa y rica discografía, unido a su carácter cambiante (recordemos que adoptó diveros personajes a lo largo de su carrera, siendo el más recordado el de Ziggy Stardust), y su magnífico directo a sus nada más y nada menos que 62 años (y aún en activo) son motivos suficientes para quitarse el sombrero.

Para la historia han quedado himnos como Space oddity, The man who sold the world, Life on mars?, Starman, Rebel rebel o Jean Genie, entre muchos otros, pero quiero destacar el tema Ashes to ashes primero porque es una maravilla que te gusta más cuanto más lo escuchas, y segundo porque se dió la curiosidad que fue solicitado en directo por un niño de cinco años (aunque no sé si aleccionado por su padre). En cualquier caso, una magnífica canción de la mano de un brillante artista polifacético de los que quedan pocos.

martes, agosto 11, 2009

¡A surfear!

Mucho antes que llegara Georgie Dann, Puturrú de fuá, Los refrescos o King Africa, ya existían canciones que tenían un cierto olor a verano. En cambio, y a diferencia de ahora, no se trataba de temas de usar y tirar, donde la nulidad compositiva va acompañada de una absurda coreografía que el oyente debe repetir, ayudado quizás por el exceso de ingesta de alcohol y la probable insolación causada por el azote del sol. Hablamos de canciones que recuerdan al verano pero que han durado más que esos efímeros tres meses, han perdurado en el tiempo e incluso han formado parte de la Historia de la música. Es el caso de The Beach boys, un grupo que supo vender con acierto a nivel mundial el surf rock. Sus caritas de niños buenos poco a poco fueron convirtiéndose en aspectos mucho más hippies e incluso bohemios. Recordemos una de sus primeras apariciones televisivas con el clásico Surfin' USA.



Pero si hay que quedarse con un tema de su extensa discografía, ese es Good vibrations, un himno donde los haya. Aquí lo interpretan en el macroconcierto Live Aid de 1985.

Reconciliándome con el terror

Hace poco tuve la grata sensación de reconciliarme con el género de terror. Fue con "Arrástrame al infierno", de un Sam Raimi que dejaba atrás sus peripecias más estrictamente hollywoodienses y retornaba a sus orígenes, en pocas palabras, se realizaba un autohomenaje a modo de divertimento. La película tiene miles de guiños nostálgicos a la trilogía de "Posesión infernal" que le vió nacer, desde el estilo de rodaje, pasando por el toque gore y ese sentido del humor negro que hace que se rebaje la tensión causada por su cine atmosférico e inquietante.

Desde su inicio, donde un logo pretérito de la Universal nos da la bienvenida, "Arrástrame al infierno" pretende satisfacer al espectador que disfrutó de los inicios cinematográficos de Sam Raimi, tendiendo la mano, al mismo tiempo, a aquellos no iniciados en el género y que apuestasn por opciones más modernas y videocliperas. Raimi destila un estilazo impecable a la hora de rodar que muchos quisieran, jugando con los rincones, las sombras, creando terror a plena luz del día (aunque donde realmente sobresale es en las secuencias nocturnas), y sometiendo al espectador a la misma tortura que sufre la protagonista de la cinta. Por si fuera poco, aún le queda espacio para introducir elementos de tono crítico, como esa familia acomodada que incomoda y avergüenza al propio novio de la protagonista, y moralista, donde la codicia y la ambición tienen su correspondiente castigo. Notable film que viene coronado por una extraordinaria partitura del curtido en estas lides Cristopher Young, y donde destaca la nota anecdótica de que, en los créditos finales, utilizó fragmentos del score rechazado en su día por William Friedkin para "El exorcista", que compusiese Lalo Schiffrin, para bien de Mike Oldfield, que se llevó el gato al agua. Disfruten del tema que abre este reivindicable film:

viernes, julio 17, 2009

¿Nos echamos unas partiditas?

Hay que ver cómo pasa el tiempo, y sobre todo, cómo avanzan las tecnologías. Cada vez las máquinas son más potentes y más pequeñas, de modo que llegan a caber en la palma de una mano. Afortunadamente el paso inexorable del tiempo no evita el recuerdo de aquellos productos que marcaron un antes y un después y hoy se consideran de culto. Es el caso del mítico juego de Capcom Street fighter II, cuya cuarta entrega recientemente ha sido lanzada al mercado. La cantidad de dinero que me dejé en aquella recreativa se puede decir que es escalofriante. El reto de ganar combates hasta tumbar a Mr. Bison no tenía precio, y cada vez nos poníamos el listón más alto, queríamos terminar el juego con todos los personajes.

Ahora podemos disfrutar de este mítico videojuego hasta en teléfonos móviles, aunque debo destacar la conversión a Flash que se ha colgado en Internet, y que puede servir para liberar adrenalina tras un duro dia de trabajo. ¿Os animáis? Pues pulsad aquí y rejuveneced casi dos décadas.

jueves, julio 16, 2009

Todo lo malo se pega

Ahora que gracias al reciente sistema de financiación autonómica tenemos a una parte del pais enfrentada a la otra (y es que los políticos son expertos en eso, en generar tumulto y crispación), se hace necesario buscar algo que nos una a todos y que compartamos. Y es que si algo gusta a todo buen españolito, eso es la astracanada. ¿Quién ha olvidado que exportamos valores como los toros, y la Macarena? Pues por si fuera poco, esta transacción se ha extrapolado al cine, asi que, ni cortos ni perezosos, en breve tendremos una película española con un actor norteamericano de lujo en nuestras pantallas. Pero, ¿a quién enviaremos nosotros? He aquí la solución:



Se trata de la ópera prima de Javier Ruiz Caldera que, copiando los esquemas norteamericanos de comedias que parodian determinados géneros (Scary movie, Epic movie, Date movie, Superhero movie, etc), ha decidido parodiar las películas más taquilleras del cine español.

¿Hemos tocado fondo ya?

domingo, junio 28, 2009

Y el planeta enmudeció

Cuesta creerlo, pero habrá que seguir levantándose cada día a sabiendas que uno de los más grandes de la música ha fallecido, Michael Jackson. Quizás ni siquiera la muerte de Elvis Presley esté a la altura de lo que ha supuesto la pérdida del rey del pop. La forma de producirse, de manera repentina, sin previo aviso, y la enorme fama de Jackson ha multiplicado por un millón la magnitud y la repercusión de la noticia.

Quien ostenta el honor de ser el protagonista del disco más vendido de la historia, Thiller, nos dejó el pasado viernes a la edad de 5o años tras un paro cardíaco. No obstante, las especulaciones son muchas y aún las autopsias no han revelado este dato como oficial. Lo que queda claro es que un ídolo de masas y un personaje, en el más amplio sentido de la palabra, ha desaparecido para siempre. Nos quedan sus canciones, temazos como Thriller, Billie Jean, Bad, Beat it, Black or white, I just can't stop loving you, Smooth criminal, Heal the world, The way you make me feel, etc, que quedarán siempre en el recuerdo de sus fans y de los aficionados a la música en general.

El niño que pasó de ser negro a un blanco exagerado, fruto de sus incesantes intervenciones quirúrgicas, y que despuntaba gracias a sus pasos de baile, ha abandonado el escenario y este mundo. Nos quedamos con el recuerdo de sus actuaciones y de la pasión que ha despertado en otros músicos.