lunes, febrero 16, 2015

Minicrítica: Cincuenta sombras de Grey


SINOPSISCuando Anastasia Steele, una estudiante de Literatura de la Universidad de Washington (Seattle), recibe el encargo de entrevistar al popular y joven empresario Christian Grey, un millonario de 27 años, queda impresionada ante su extraordinario atractivo. La inexperta e inocente Ana intenta olvidarlo, pero no lo consigue. Cuando la pareja, por fin, inicia una apasionada relación, a Ana le sorprenden las peculiares prácticas eróticas de Grey, al tiempo que descubre los límites de sus más oscuros deseos. (FILMAFFINITY)

MINICRÍTICA: Fagocitada por la publicidad y por el boom a nivel de ventas que ha supuesto poner en boga de nuevo la revitalizacion del relato erótico y su posterior adaptación fílmica, algo que no se veía desde Instinto básico (1992) y sus fallidos intentos posteriores (Acosada (1993), Acoso (1994)), la plasmación a pantalla del best seller no ha podido quedar más desangelada. Cincuenta sombras de Grey flaquea desde sus cimientos, en la ingenuidad con la que plantea a sus personajes y su atracción a primera vista, descuidando el perfilado de los mismos y abandonando cualquier tarea de seguimiento en su evolución psicológica. En su lugar, la directora ahonda en clichés de elevado tufo machista y superficial que convergen en aisladas secuencias a priori escandalosas y que, aunque cuidadas estéticamente, no logran transmitir la sensación de perturbación y dominación pretendidas. Poco ayuda el flojísimo esmero que se aprecia en los personajes secundarios, quienes no hacen sino estorbar en la narración, mostrando debates que tímidamente se abren pero se banalizan y rehuyen al momento. La escasez de recursos conduce al film a orbitar sobre su eje, de modo que el metraje se eterniza en un simple debate acerca si firmar o no un contrato, al tiempo que un mensaje de corte materialista se adueña del mortecino film, evidenciado en las dos secuencias aéreas y en las múltiples dádivas del apuesto a la par que inexpresivo millonario. Su torpe estructura, su tono idealista e inverosímil y su incapacidad de síntesis desembocan en un atropellado e impostado desenlace que acentúa una temida sensación, la que sobrevuela toda la película, y es la de que habrá dos entregas más.

LO MEJOR: La secuencia en la que se discuten las condiciones del contrato. 

LO PEOR: Su carácter inofensivo y bobalicón, y su innata incapacidad de transmitir tensión. 

CALIFICACIÓN: 0,5 (SOBRE 5)

martes, febrero 03, 2015

Minicrítica: Into the woods


SINOPSISEl musical entremezcla argumentos de distintos cuentos de los Hermanos Grimm (Cenicienta, Caperucita Roja, Rapunzel) intentando analizar las consecuencias de los actos y deseos de sus protagonistas. (FILMAFFINITY)

MINICRÍTICA: Seamos honestos, que el musical cinematográfico ha cambiado, quizás para mal, en adaptaciones de obras teatrales de Broadway teatralizadas en la gran pantalla es un hecho, pero ello no quita para que aún pueda haber narración fílmica detrás de esa sucesión de canciones aparentemente hiératicas. Into the woods no es Los miserables, para bien y para mal, ya que no posee la fuerza de la partitura de Schönberg, pero sí sabe exprimir los recursos cinematográficos, a diferencia de la película de Tom Hooper, que era un monótono devenir de planos fijos difícil de disfrutar en una pantalla. Rob Marshall, en cambio, saca partido de la partitura de Stephen Sondheim que, aunque inferior a Sweeney Todd, deja canciones de gran alcance melódico, como "Into the woods", "Agony", "No one is alone" o "Giants in the sky" y otras quizás más rutinarias y que pueden descolocar al oido tradicional por su carácter contemporáneo y distanciado del musical clásico. 

Tras un prólogo exquisito de quince minutos donde el bosque sirve como nexo de unión a los personajes y donde se exponen sus distintas motivaciones, el film serpentea entre diversas tramas con un acertado sentido del ritmo, el aderezo justo de humor, aunque algo mutilado en su acidez y mordacidad macabra al tratarse de Disney quien está detrás de la producción. Las canciones se suceden con dinamismo, a pesar de la ausencia de coreografías (que considero habrían quedado impostadas de otro modo) hasta alcanzar la hora y cuarto de metraje, momento en el cual la película adopta un arriesgado giro que ha sido el caldo de cultivo unánime para la crítica cinematográfica. Si bien esta supuesta prolongación arbitraria pueda hacer hervir la sangre a muchos, reconozco que, aunque es evidente que el ritmo de la película decae y la historia quizás no tenga el mismo interés, queda plenamente justificado en su tramo final el motivo por el cual existe esa bifurcación, en cuya primera parte asistimos a un viaje individualizado y en la segunda a unas secuencias corales. Quiero pensar que quizás el hecho de no empatizar con la partitura conduce a no comprender el sentido narrativo del film, convirtiendo las dos horas de duración en una tortura para quienes no simpatizan con este nuevo concepto de musical. 

LO MEJOR: Su primera mitad, que entremezcla de forma ágil y rítmica un puñado de personajes clásicos y la sensibilidad de algunos de sus temas musicales.

LO PEOR: Que se malinterprete como una simple película erróneamente fragmentada. 

CALIFICACIÓN: 3 (SOBRE 5)

domingo, febrero 01, 2015

Minicrítica: Annie


SINOPSIS: Musical sobre una huérfana que conoce a un rico financiero (Jamie Foxx). Este encuentro cambiará para siempre sus vidas. Remake del musical "Annie", adaptado a la época moderna y con música de Jay-Z. (FILMAFFINITY)

MINICRÍTICA: Bochornosa y adulterada actualización de un film que, a pesar de su más que notorio mal paso de los años, dejó en el recuerdo no sólo un buen puñado de melodías emotivas y pegadizas, sino un personaje adorable e icónico para los más pequeños de la casa. El matrimonio Smith (Will y Jada Pinkett) se encargan de proporcionar el sustento económico necesario para crear un monstruo, el del musical cutre, inexpresivo y ramplón que es esta nueva revisión adulterada, tanto en su concepto original como en su desarrollo (atención al peligroso y nada recomendable mensaje que esconde el film), de la cinta que dirigiera en 1982 John Huston. Unos números musicales pobres y desangelados, desérticos en su puesta en escena y ejecución, desaprovechados en su expresividad dramática, una labor de montaje paupérrima (probablemente el perrete de la protagonista lo hubiese hecho mil veces mejor), y unos actores sin sentido de la vergüenza (mención aparte merecen Cameron Diaz y Bobby Canavale, directamente para negarles el cobro del cheque), junto con un guión con giros narrativos en los personajes absurdos e injustificados convierten a "Annie" en un insulto a la inteligencia y un escupitajo de los que lanza en varias ocasiones el personaje de Jamie Foxx a lo largo del metraje a la cara del público infantil al que va dirigido. Para cavar más profunda la tumba, y por un afán puramente mercantilista por parte de Sony para vender bandas sonoras, el despropósito llega a tal nivel que no sólo la película está íntegramente doblada, lo que pierde los matices de las canciones originales, sino que las voces de los personajes no son las mismas cuando hablan que cuando cantan, creando un efecto José Luis Moreno que traspasa las fronteras de la estulticie y el atentado al espectador. Desde luego los hackers supieron acertar a la hora de elegir una película para filtrar en Internet. Sabían que el castigo era difícil de soportar. 

LO MEJOR: Las canciones (en su versión originaria).

LO PEOR: Que Will Gluck pretenda hacer curriculum con este engendro.

CALIFICACIÓN: 0,5 (SOBRE 5)

sábado, enero 31, 2015

Minicrítica: Autómata


SINOPSISEn un futuro no muy lejano, en el que la Tierra sufre una creciente desertización, Jacq Vaucan (Antonio Banderas), un agente de seguros de una compañía de robótica, investiga un caso aparentemente rutinario cuando descubre algo que podría tener consecuencias decisivas para el futuro de la humanidad. Banderas produce y protagoniza este thriller futurista, que especula sobre lo que ocurriría si la inteligencia artificial superase a la humana. (FILMAFFINITY)

MINICRITICA: A pesar de las múltiples estrecheces y limitaciones que contiene el film, no puedo estar más en desacuerdo con las despiadadas críticas que éste ha sufrido. Gabe Ibáñez nos propone sumergirnos en un futuro apocalíptico, industrial y escaso de recursos naturales, partiendo de un hándicap innegable, la gran cantidad de material que sobre esta materia le precede, tanto a nivel cinematográfico como literario. Trazar comparaciones con obras de género como "Blade Runner", "Almas de metal", o la mas reciente "Yo, robot", es probablemente lo más inmediato, pero valorando sus logros "Autómata" es una película honesta y aprovechada en su escaso bagaje presupuestario. Lástima que su soberbio diseño de producción, las disquisiciones sobre la convivencia robot - humano y la posibilidad de sentir emociones por parte de la máquina se diluyan en una segunda mitad mucho más convencional, escasa en sus proposiciones y más tendente a aportar un espectáculo circense que merodea por elementos puros del western y excesivamente complacientes con el "Grupo salvaje" de Sam Peckinpah. Es evidente su desgaste a medida que avanza el metraje y la progresiva pérdida de interés, mostrando un producto que abre demasiados frentes (algunos innecesarios, personificados en los personajes secundarios) y cierra pocos o lo hace con cierta torpeza, pero de ahí a crucificarla y defenestrarla hay un mundo. Merece respeto.

LO MEJOR: Su diseño de producción y su primera mitad. 

LO PEOR: La sobreactuación de Antonio Banderas en algunos segmentos del film y el desaprovechamiento de un relato que, aunque convencional, aportaba elementos de interés.

CALIFICACIÓN: 2 (SOBRE 5)

lunes, febrero 11, 2013

Silent Hill revelations 3D: Perdidos entre la niebla


La gran cantidad de abominaciones cinematográficas que, basándose en la endeble excusa de la adaptación o inspiración de una historia de un videojuego, es tal que el ejercicio de enfrentarse a una nueva aportación de este (sub)género no es raro suponga un sobreesfuerzo añadido y una díficil liberación de prejuicios previa. Además, dado que la película que abordamos se trata de la continuación espiritual de Silent Hill, dirigida por Cristophe Gans en 2006 (y guionizada por Roger Avary, autor del libreto de Pulp fiction) fue uno de los pocos ejemplos salvables de dignidad en la traslación de un videojuego a la gran pantalla (tampoco sin llegar al punto de rasgarnos las vestiduras, ya que el listón estaba francamente bajo), no hace sino saltar todas las alarmas por la posibilidad de retornar a la senda de la adulteración de las fuentes originales de inspiración y apostar por las nuevas técnicas de narración cinematográfica, más tendentes al frenesí rítmico, al videoclip y la preponderancia de la estética visual por encima del relato de fondo. Y en parte el retroceso ha sido patente con esta secuela, aunque la sangre no ha llegado al río, veamos por qué.

jueves, octubre 18, 2012

Minicrítica: Cosmópolis


SINOPSIS: Adaptación de una novela de Don DeLillo. Los disturbios recorren Nueva York, la era del capitalismo se acerca a su fin. Eric Packer, un joven multimillonario, planea cortarse el pelo en su barbería favorita en la otra punta de la ciudad. Recorriendo Manhattan en su limusina, por la que van pasando su mujer, sus socios y sus amantes, Eric descubre que alguien quiere asesinarle a la vez que el caos se apodera de su imperio. (FILMAFFINITY)

MINICRÍTICA: David Cronenberg nunca se ha caracterizado por ser accesible al público, pero quizás con "Cosmópolis" ha conseguido la película que le traslade a la antisocialización más absoluta. Un film que exige de una preparación previa y una predisposición excesivamente rigurosa, y que interesa más por lo que cuenta como escenario y contexto de fondo (a nivel político, social y económico) que en su forma radicalmente plúmbea, densa y ermitaña. "Cosmópolis" no es más que la plasmación literal de la difícil novela homónima recitada y estructurada en unas pocas secuencias independientes, de inspiración teatral y apostando por la parquedad a todos los niveles. Diálogos eternos de profundo calado filosófico y económico sobrepueblan un film que extrae lo mejor de sus actores (incluido el propio Pattinson), desembocando en una perorata irregular, de imposible filmación y cuyo leit motiv y sus intenciones de fondo quedan patentes y más que remarcadas en su primera mitad. No obstante, su aplomo y valentía resultan encomiables, ya que, a pesar de su rigurosidad y poca, casi nula, accesibilidad, este tipo de marcianadas reflexivas, por muy anticinematográficas que sean, esconden discursos de plena vigencia y de honda catadura moral.

A DESTACAR: La ambientación claustrofóbica que sólo algunos directores, como es el caso de Cronenberg, sabe transmitir. 

A PULIR: Hay novelas imposibles de trasladar a la pantalla, tal y como fueron concebidas, y esta es una de ellas.

CALIFICACIÓN: 1,5 (SOBRE 5)

Minicrítica: Lo imposible


SINOPSIS: María (Naomi Watts), Henry (Ewan McGregor) y sus tres hijos pasan las vacaciones de invierno en Tailandia. Una mañana, mientras se encuentran en la piscina, un terrible rugido emerge del centro de la tierra. María se queda paralizada por el miedo, al ver cómo un inmenso muro de agua oscura avanza por los jardines del hotel hacia ella. Largometraje sobre el tsunami que azotó el sudeste asiático en 2004. (FILMAFFINITY)

MINICRÍTICA: Si se me permite el chiste fácil, se puede concluir que "Lo imposible" parte de un material altamente jugoso y eminentemente tentador para caer en el lacrimógeno fácil, y resulta hacer aguas en algunos de sus puntos estructurales y narrativos. El film disimula, con poco acierto, una descripción de personajes esquemática y un errático desarrollo de los acontecimientos con unos apabullantes valores de producción y  un despliegue de medios y efectos pocas veces visto en nuestra cinematografía. No obstante, tales virtudes técnicos caen en saco roto ante un relato excesivamente obstinado en apuntillar al espectador con la crueldad de la tragedia (un tanto parcial, hay que decirlo), y con alargar hasta la tortura el sufrimiento, entendible, pero incorrectamente explicado de antemano, todo ello bajo el subrayado exagerado de una banda sonora espléndida en su escucha independiente, pero redundante y hasta ridícula en su inserción en el metraje. Bayona se reivindica como director técnico y de actores, pero naufraga en la composición de secuencias y en la elaboración lógica y coherente de los hechos.

A DESTACAR: A pesar de su frialdad y distanciamiento, la secuencia del tsunami y la labor actoral en su conjunto.

A PULIR:Cierta arbitrariedad en la exposición de los hechos y la resolución dramática de algunas secuencias, que bordean el patetismo.

CALIFICACIÓN: 1,5 (SOBRE 5)

jueves, septiembre 27, 2012

Minicrítica: Desafío total (Total recall)


SINOPSIS: Rekall es una empresa que puede convertir los sueños en recuerdos reales, haciendo que la frontera entre realidad y memoria se difumine. Para Douglas Quaid (Colin Farrell) la idea de hacer un viaje mental que le proporcione recuerdos de una vida como superespía puede ser la solución perfecta para contrarrestar su frustrante vida. Lo malo es que el proceso sale mal, y Quaid se convierte en un hombre perseguido por los agentes de un estado totalitario. En su huida, se asocia con una combatiente rebelde (Jessica Biel) con el fin de encontrar al cabecilla de la resistencia clandestina (Bill Nighy). Mientras el destino del mundo pende de un hilo, Quaid descubre su verdadera identidad y su verdadero destino. Se inspira en el cuento "Podemos recordar por usted al por mayor" de Philip K. Dick. (FILMAFFINITY)

MINICRÍTICA: Fallido reintento de revisionar un relato que se antojaba prematuro (la cinta original data de 1990) y que, salvando su espléndido y apabullante apartado técnico y visual, hace aguas por todos lados. Demasiadas licencias respecto al texto, excesivas simplificaciones y esquematizaciones, tanto a nivel de personajes como de desarrollo narrativo dan al traste con una película que, tras una aceptable primera mitad (a pesar de sus conscientes y evidentes distanciamientos con el film de Paul Verhoeven) se torna en una redundante sucesión de alocadas secuencias de acción sin gancho ni brio alguno, al más puro estilo copia y pega. Una decepción en toda regla carente de la mística que envolvía la cinta original, que patea sin remordimientos el relato de Philip K. Dick y que no posee ni la inteligencia, ni el sustrato político, ni el atractivo ni la brillante música made in Goldsmith de su precursora. 

A DESTACAR: Sin lugar a dudas, la recreación de ese mundo bipolar futuro destruido y los efectos visuales.

A PULIR: Un guión tremendamente plano, abandonado en pos de un sinfín de idénticas persecuciones y tiroteos sin alma alguna.

CALIFICACIÓN: 1 (SOBRE 5)

martes, septiembre 18, 2012

Talentos anónimos


No es la primera vez que en este humilde blog se escuchan versiones o covers de distintos temas musicales. Esta vez nos alejamos de la música rock para asomarnos a las bandas sonoras, y en concreto de videojuegos. No pocos compositores de bandas sonoras para películas, ya reputados, han iniciado su carrera o hecho sus pinitos en el mundo de los videojuegos (véase Michael Giacchino o Harry Gregson-Williams). En este caso es Clint Mansell (Réquiem por un sueño, Moon, La fuente de la vida, Cisne negro, etc.)  quien se puso al frente de la ilustración musical del cierre de la trilogía de Mass effect, la saga creada por Bioware que revolucionó la industria del videojuego y que tan buena aceptación, tanto de crítica como de público, cosechó. No sólo la partitura es de una belleza extraordinaria, sino que su ejecución, gracias a este aficionado, es extremadamente fiel y acertada. Todo un descubrimiento el canal de este usuario que os recomiendo encarecidamente si sois amantes de las bandas sonoras, tanto de películas como de videojuegos. Cerrad los ojos y disfrutad del tema.

viernes, septiembre 14, 2012

Minicrítica: Brave (Indomable)


 SINOPSIS: Merida, la indómita hija del Rey Fergus y de la Reina Elinor, es una hábil arquera que decide romper con una antigua costumbre, que es sagrada para los señores de la tierra: el gigantesco Lord MacGuffin, el malhumorado Lord Macintosh y el cascarrabias Lord Dingwall. Las acciones de Merida desencadenan el caos y la furia en el reino. Además, pide ayuda a una sabia anciana que le concede un deseo muy desafortunado. La muchacha tendrá que afrontar grandes peligros antes de aprender qué es la auténtica valentía. (FILMAFFINITY)

MINICRITICA: A años luz de sus grandes obras, como la trilogía de Toy Story, Buscando a Nemo, Monstruos S.A. o Wall-E, Pixar ha sabido aunar con Brave el espíritu inocente y cándido necesario para el público infantil, con las necesarias dosis de madurez que mantengan la atención del espectador adulto, aunque ello redunde en una excesivamente evidente dicotomía y fraccionamiento del film. La pérdida del factor sorpresa y lo previsible de su desenlace, totalmente orientado hacia los cuentos de hadas tradicionales, no empaña el buen sentido del humor que destila la cinta y el gran carisma y protagonismo arrebatador de Mérida, su personaje principal.

A DESTACAR: La sobresaliente animación (especialmente la vegetación, los escenarios naturales y el pelo de la protagonista) y el enfrentamiento madre - hija que nutre los primeros minutos de metraje. 

A PULIR: Su notable desequilibrio entre las dos mitades del film.

CALIFICACIÓN: 3 (SOBRE 5)

martes, noviembre 15, 2011

Un dios salvaje: Exorcizando los demonios

 
Independientemente de la catadura moral con la que se juzgue el plano personal del realizador Roman Polanski, lo que es incontestable es su habilidad para plasmar en la gran pantalla las interioridades humanas y hacer aflorar los demonios que la raza humana posee, de forma inconsciente, por naturaleza, como ya plasmara en obras como "La muerte y la doncella", "Repulsión", "El quimérico inquilino" o "La semilla del diablo". Con "Un dios salvaje" se ha aferrado a las formalidades teatrales que imponen la unidad de tiempo y espacio, con sumo riesgo pero con excelso acierto. Polanski logra una maratón ascendente que evidencia las carencias humanas y el juego de las apariencias y la presuntuosidad merced a unos personajes en estado de gracia (con especial atención a Christoph Waltz) y a una dosificación milimétrica del timing y el lenguaje cinematográfico. Limitada en sus hechuras, pero resuelta con desparpajo y precisión, "Un dios salvaje" flirtea con la comedia con la rabia contenida y un mensaje aplastante de fondo, donde cada plano, cada situación y cada frase resulta coherente y los silencios resultan de lo más expresivo. Cine de actores, de grandes actores, dirigidos por la mano maestra de un genio que nunca dejó de serlo.
 
 

miércoles, septiembre 28, 2011

Pa negre, camino al Oscar

Finalmente será la gran triunfadora en los últimos premios Goya, Pa Negre, de Agustí Villaronga, la elegida por la Academia de cine española en la carrera hacia el Oscar. Recordemos que las otras dos candidatas eran "La piel que habito", de Pedro Almodóvar, y "La voz dormida", de Benito Zambrano (cuyo estreno en salas será el próximo 21 de octubre). Difícil elección la de este año, no por el hecho de que sean películas de baja calidad, sino por su carácter particular y singular que las hacen difíciles de exportar al mercado norteamericano. Sin duda ha sido una sorpresa, pues la cinta de Almodóvar es la que más puntos a favor tenía, dada la simpatía que su cine despierta fuera de nuestras fronteras (y la gran capacidad de exportación que su hermano, Agustín, productor del filme, ha demostrado a lo largo de su carrera). Le deseamos toda la suerte del mundo a Agustí Villaronga, aunque me temo, y sin ánimo de ser agorero, que el universo oscuro y pesimista de Villaronga no encaje demasiado con los gustos del público yanqui. Crucemos los dedos.


miércoles, marzo 30, 2011

Piranha 3D: Qué festín, de postín

Corría el año 1978 cuando un absoluto desconocido Joe Dante, quien a la postre iba a convertirse en un reputado director de cine fantástico, con algunas películas emblemáticas en su haber, se ponía tras la cámara por primera vez para revitalizar el apabullante éxito obtenido por Steven Spielberg con "Tiburón", aunque con unos medios mucho más modestos y una perspectiva bien distinta. "Piraña" hoy en día es recordada más por la leyenda que está detras de ella que por sus puras virtudes y su valía artística, al ser, como ya se ha dicho, el debut en la dirección de Joe Dante, el contar con un guión escrito por el mismísimo John Sayles (director independiente de reconocido prestigio) y suponer la secuela de este título la ópera prima del hoy aupado en los altares James Cameron. El film se adscribía a la serie B en su estado puro, el de la carencia presupuestaria, el desparpajo y la desvergüenza sin miramientos, pero respetando los cánones establecidos por el cine de terror de los 70, aquel que castigaba con crueldad en pantalla al ser humano y, por extensión, al espectador que asistía atónito a un espectáculo macabro fascinante y horrendo a partes iguales.

Han pasado los años y, con ellos, la forma de enfocar el cine de terror. La serie A está compuesta por cintas que poco o nada tienen que ver con la concepción clásica del terror, anclándose en la explotación escénica del slasher ávido de sangre joven y turgente, las posesiones demoníacas o el revival de películas pretéritas, mientras que la serie B ha quedado relegada a los festivales de exhibición minoritaria o a formatos de telerrealidad que fotocopian el precedente de "El proyecto de la bruja de Blair". En el caso de Piraña, sin duda fue un gusto saber que sería Alexandre Aja el encargado del proyecto, pues tanto su obra inaugural, "Alta tensión", como las posteriores, todas ellas remakes, iban más allá de la mera revisión con fines netamente alimenticios, sino que imprimía a sus películas una admiración y respeto por el original evidentes y, por ello, plausibles.

"Piraña 3D" vuelve a ser aquella película desvergonzada, caótica e insustancial como lo fue su predecesora, pero actualizado a tiempos modernos, donde la pérdida de valores se ha tornado más evidente y palpable, la sociedad del carpe diem es una constante vital y la alienación y degradación socio-cultural se ha convertido en un cáncer irreparable. Así, su argumento viene a ser tan simple como el original, y el público espera enfervorecido el castigo divino impuesto por las fuerzas de la naturaleza, personificadas en esos pequeños pero voraces depredadores, posicionándose de su lado y no de los protagonistas, meros muñecos inertes y,en parte, merecedores de su fatal destino. Aja se adapta con paso firme a las nuevas tecnologías, respetando la estética, en los primeros compases del film, propia de los años 70, para posteriormente dar rienda suelta a las posibilidades ópticas del 3D, realmente logradas en las escenas subacuáticas. 

Obviamente "Piraña 3D" está concebida como una película veraniega, época en la que los sesos están semiderretidos y la exigencia del público se arrastra por los suelos, y por tanto atacarla por el hecho de sus diálogos anodinos, su esquematismo dramático y su gratuidad escénica no suponen más que meras evidencias que caen por su propio peso. El realizador francés es consciente de las limitaciones literarias con las que cuenta pero, a pesar de ello, sabe sacar adelante con mucha personalidad, una dosis de exhibicionismo carnal de artificio y una ración gigante de hemoglobina un relato que viene a acentuar, con tono crítico, el carácter acomodado del ser humano, la falta de respeto por los valores primarios y recuerda que toda conducta reprobable tiene su castigo. Los verdaderos valores de "Piraña 3D" residen en su tono hilarante, desprejuiciado y sarcástico, armándose de unos medios técnicos al servicio de la historia sin pretensiones, y que tienen su punto álgido en las secuencias más cruentas, realmente conseguidas, donde el terror hace acto de presencia y el miedo, inapreciable a simple vista, campa a sus anchas. Si a ello le añadimos un despliegue de tintes hiperbólicos en su exhibición de miembros amputados y casquería varia, queda claro que el público al que va dirigido el film no puede ser más limitado y, con ello, iniciado. El resultado es un cóctel de excesos e insensateces altamente disfrutable, pero que exige cierta autocomplacencia por parte del espectador ante la nadería y la falta de aspiraciones que "Piraña 3D" aporta, y que el director, con aires gamberros y desmelenados, escupe a la cara del espectador.

martes, marzo 22, 2011

Torrente 4: Caspa infinita

Resulta cuanto menos de ilusos esperar algo de provecho en la cuarta entrega de Torrente, saga sobreexplotada por antonomasia que, casualidades de la vida, ha sido llamada a salvar la defenestrada taquilla del cine español. Aun así, quien escribe, tras haber sufrido en las dos anteriores ocasiones vergüenza ajena ante las andanzas del policía de dudosos valores, decidió tenderle la mano una vez más al no tan tonto brazo de la ley y, por extensión, al señor Santiago Segura. Pocas veces me he sentido tan incómodo en una sala de cine, ya no por el jaleo general que crean este tipo de películas, ni por la falta de comportamiento y educación de parte del público, algo ya tristemente generalizado y asumido como "normal" en esta decadente sociedad, sino por la nadería que surgía de la pantalla, de asumir, conscientemente, el haber tirado al más putrefacto de los vertederos algo más de 90 valiosos minutos. 

Segura ahonda, una vez más, en los recursos del chiste fácil y poco elaborado que rezuman de su personaje, a saber, homofobia, xenofobia, racismo, puterío y poca, muy poca higiene, de modo que su nueva propuesta no es más que un nuevo acto de descriptivismo, casi obsceno, de los rancios valores de su protagonista, algo que, salvo que tu edad mental esté por debajo de los 8 años, no resulta excesivamente gratificante ni satisfactorio. Como era de esperar, la legión (cada vez más) de pseudopersonajes del mundo del cotorreo y la lengua viperina deambula por el set tratando de dar credibilidad a lo increible y pretendiendo ser actores por un día, sin ser conscientes del sentido de la vergüenza y de la autocrítica. Con este plantel, no esperen una historia mínimamente coherente, ya que, de haberla, ésta ha sido confeccionada a base de retales cuya progresión narrativa funciona a ritmo de gags, metidos con calzador, y de un nivel intelectual digno de la mejor sobremesa televisiva. 

Torrente debutó en 1998 sorprendiendo a propios y a extraños con una simpática fábula que poco tenía de crítica o de radiografía social como algunos querían ver, pero que merecía un reconocimiento por su honestidad y por haber dado vida a un personaje detestable, pero a la vez icónico. Santiago Segura, aka Torrente, dispuso como partenaire en su debut a Javier Cámara, y en su fallida secuela a Gabino Diego. ¿Qué retorcida razón le habrá llevado a contar en esta cuarta parte con Kiko Rivera? Y es que Torrente se ha convertido en un fenómeno mediático, una atracción a la que todo el mundo quiere subir por no sentirse marginado socialmente, y en la que dignidad y la entereza se pierden en pos de contar con el beneplácito de la masa y de seguir la orientación que marca el rebaño social.

Con el paso de las entregas Segura ha sabido, con pecho henchido y ciertas dosis altivas, rentabilizar una idea que pocos pensaban fuera a triunfar, pero la broma ha perdido su gracia, y de ahí a mancillar títulos memorables como "La gran evasión", "Cadena Perpetua, "Vértigo" o "Evasión o Victoria" hay un mundo, y Torrente 4 ha sobrepasado ese límite, congratulándose del mal gusto, la zafiedad y la adoración a la estulticia, sin reparar en los pilares básicos que configuran una obra cinematográfica. Torrente es un fenómeno de retroalimentación capaz de sobrevivir a costa de ingerir sus propias heces y que está dispuesto a perdurar durante muchas más entregas, siempre que su público lo acoja con los brazos, sobacos sudados incluidos, abiertos.

No busquen en Torrente 4 una historia ingeniosa, no la hay; no busquen diálogos brillantes, no los hay; no busquen una precisión en la dirección, no la hay; no busquen una gran labor actoral, no la hay; no busquen los diez euros de la entrada, ya no los hay, se fueron por el W.C.

jueves, febrero 17, 2011

Saw VII 3D: Pieza a (des)pieza

Las noches de Halloween de los últimos años han servido no sólo como exaltación de una de las fiestas yanquis por antonomasia que celebra no se sabe bien qué, sino también como plataforma de lanzamiento y posterior expansión de una saga adscrita al (defenestrado) género de terror que comenzó con aires prometedores y que, con el paso de las posteriores entregas, ha devenido en un macabro pulso al aguante físico y psicológico al espectador, perdiendo todo su espíritu primigenio. Pocas sagas han sufrido tal grado de sobreexplotación, Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, Halloween han sido vivos y vergonzantes ejemplos de un vacuo aprovechamiento de una seña de identidad en pos de un rédito económico a costa de la calidad y la lógica racional.

Saw VII se publicita como el cierre de la saga, y se agarra firmemente a la última moda del 3D, medida antipiratería de la que algunos alardean bandera en mano, y que imprime un halo efectista y poco amable con el resultado general de las películas, al tratarse, salvo la honrosa excepción de Avatar, de una tridimensionalidad impostada y en absoluto necesaria para la narración fílmica. La séptima entrega de la exitosa, a nivel exclusivamente económico, de la franquicia iniciada como un vehemente ejercicio de guión, trata de salvar los muebles, de poner parches a un queso emmental, de arreglar el desaguisado conformado por las cuatro, y si me apuran, cinco entregas anteriores, en las que las sucesivas escenas de tortura y crueldad humana se simultaneaban con verdaderas catástrofes resolutivas en el guión. En este sentido Saw VII, dentro de su inoperancia y su talante redentor, funciona a medio gas,  debiendo el espectador ser excesivamente indulgente y tolerar, por el camino, una nimiedad que los guionistas han venido a denominar argumento y que se ahoga en su propia simplicidad y su esquematismo galopante. Poco ayudan a elevar el tono las bochornosas interpretaciones de algunos actores, más interesados en cobrar el cheque que en dejar patente su valía artística.

Saw VII pone al límite la sensibilidad y raciocinio del espectador, que se ve obligado en más de una ocasión a apartar la mirada de la pantalla, al asistir a un espectáculo circense con ínfulas sádicas y gratuitas que le empuja a reconsiderar por qué decidió pasar por taquilla. A medida que se han ido sucediendo las distintas entregas, el nivel de brutalidad y ensañamiento ha ido aumentando, y la explicitud en lo meramente sanguinario se ha erigido como protagonista substitutivo ante la ineptitud de poder hilar una historia mínimamente coherente y atractiva, algo que ha tocado techo con este aparentemente último capítulo (cosa que no me acabo de creer). La saga se cierra, o eso dicen, con un triple salto mortal que eleva a la enésima potencia el grado de casquería y despiece hasta tornarse en una macabra, y no apta para estómagos sensibles, exposición enfermiza de torturas y sometimiento sin objetivo ni fin específico. Ante la falta de argumentos, efectismo, esa es la consigna.

Películas como la trilogía de Posesión infernal, el cine zombi de George A. Romero o de Lucio Fulci, e incluso la mediocre y reciente Zombis nazis hacen uso de un gore blanco, utilizado como arma cómica, casi autocrítica, de momentáneo efecto en el espectador, pero las últimas entregas de Saw se limitan al juego del gato y al ratón mientras en la sala contigua se despiezan, con todo lujo de detalles, los incautos y caprichosos personajes que caen en manos del malvado Puzzle, logrando el rechazo en el espectador pero por su puro artificio, su carácter manipulador y su carencia, más allá de lo estético y arquetípico, de recursos de peso que convenzan a un espectador cansado de ser salpicado con sangre ajena.

viernes, febrero 11, 2011

Winter's bone: Oro bajo la nieve

Hay películas de las que se debe partir de una base, y es la de la predisposición. Que nadie se lleve a engaño. No recomendaría esta película a alguien que me preguntara qué le recomiendo de lo que ofrece la cartelera actual. Winter's bone es de esas películas, como ya ocurriera con La cinta blanca, que los que nos autodenominamos aficionados, mal llamados críticos de cine, queremos egoístamente para degustar en soledad, aquellas que no nos incomoda ver con la sala vacía (aunque este no fue mi caso, a pesar de lo que pudiera denotar los ronquidos en estereo que provenían de sendos espectadores a ambos lados de mi asiento). 

Existe una cierta tendencia en el preludio hacia los Oscar de aperturismo hacia el cine independiente, aquel realizado sin alardes presupuestarios ni excesos tecnico-artísticos, quizás como una pose de cara a la galería para lavar la imagen del glamour hollywoodiense, como ocurrió el año pasado con la fallida Precious, o bien como un merecido reconocimiento a un cine diferente, expresivo, atrapado en sus propias limitaciones y condenado al respeto pero al pronto olvido. Debra Granik ha trasladado a la gran pantalla, sin artificios y de un naturalismo que asusta, aquella realidad que no deseamos ver, a la que damos la espalda, y que la protagonista debe afrontar, actuando como un adulto pero movida por su inocencia e inexperiencia dada su temprana edad. Así, la directora plantea un pulso al espectador no iniciado, y afronta un reto que supone, de manera consciente, ir descartando, cual escalera formada por fichas de dominó, espectadores, hasta llegar a aquellos dispuestos a ver más allá de la mera superficie narrativa y el ritmo marcado por las mainstreams

Winter's bone explota un esqueleto guionístico que se antoja suficiente como vehículo conductor para sobrellevar el peso del film, acentuando Granik su mirada en los lugareños, en el malsano ambiente que se respira en la America rural y profunda, y adoptando formalidades inspiradas en el western. Si se puede calificar a esta película, el adjetivo adecuado sería el de arriesgada, y es que su languidez y su ritmo pausado y reposado pueden hacer desesperar a muchos, pero entusiasmar a los pacientes, a los que consideran el fluir de los fotogramas como pilar maestro de lo que denominamos cine. A pesar de su aparente brusquedad, Winter's bone se presenta como un engranaje al que el devenir del metraje le va otorgando las dosis justas de aceite, desencadenando un previsible desenlace, pero no por ello carente de un potente efecto demoledor y aterrador. Cine adulto, muy exigente, rodado casi de espaldas a lo convencional, un grito al cielo reivindicativo y desesperado. Una de esas pequeñas joyas que merece revisionarse para captar su pura esencia, aquella que está en cada mirada, en cada silencio, en cada frase, en el aire que se respira.

miércoles, febrero 09, 2011

127 horas: Aaron, no descontroles


Película a película, Danny Boyle ha sabido quitarse la etiqueta que le dió la fama pero que le ha perseguido a lo largo del tiempo por muy esperanzadora que fuese su nueva propuesta fílmica: ser el director de Trainspotting. El realizador británico ha hecho incursiones, con mayor o menor acierto, en la ciencia ficción, en la comedia dramática, en la denuncia social y hasta en el terror, tratando de ofrecer una perspectiva diferente a géneros sobreexplotados y dotarles de un envoltorio formal atractivo a la par que arriesgado. Obviamente, ello ha generado disparidad de opiniones entre el gran público, y que abarcan desde la indiferencia y la absoluta frialdad hasta el entusiasmo casi contagioso, lo que conlleva a afirmar que Boyle es, cuanto menos, un director que trata de aunar el concepto de proyecto comercial y la aplicación de un sello personal.

127 horas se adscribe a la moda de describir situaciones límite del ser humano, donde la claustrofobia y la lucha contra la muerte y las interioridades vitales se tornan en protagonistas, minimizando así costes y proyectando un mensaje reflexivo al espectador, evitando la pretenciosidad y la pedantería, gracias a un ágil ritmo y un lenguaje visual apabullante. Es aquí donde la cinta de Boyle cobra su mayor atractivo y consigue sus más logrados aciertos, al sortear la parquedad de la premisa argumental y reivindicar el uso de los recursos visuales como impulsor del lenguaje narrativo. Así, asistimos a estrategias audiovisuales como el split screen, el video digital, la inserción de cámaras subjetivas y la naturalidad fotográfica que no sólo logran una sensación de verosimilitud en la historia, sino también una cercanía terrenal agradecida por el espectador y que potencia el magnetismo con su butaca.

El film posee una sencilla estructura tripartita equilibrada y que apoya el peso de su efectividad en su fase central, tras una breve pero ajustada presentación de personajes (o mejor dicho, personaje), que premoniza sobre la tortuosa sesión de dolor y arrepentimiento a la que se va a ver sometido el protagonista. Es precisamente en el ecuador del film donde salen a relucir la contienda psicológica que se libra en el personaje del montañista, a base de evocaciones y contínuos flashbacks, que fluctúan entre la nostalgia, el deseo, la penitencia e incluso el humor. Vivimos entonces los mejores momentos del film, aquellos en los que Boyle sabe eludir con sabiduría los caminos del morbo que la trágica situación del protagonista tienta a invadir y se adentra en los sentimientos primarios de éste, con la adecuada elegancia y buen gusto, dentro de la penosidad y el dramatismo de lo que refleja las imágenes. Una situación de terror progresivamente creciente que desemboca en la famosa secuencia que ha alzado publicitariamente al film y que Boyle recrea, dentro de su crudeza y carnalidad, con celeridad y sin acentuación.

127 horas no llega al alto nivel que alcanzó Enterrado, de Rodrigo Cortés, ya que mientras aquella demostraba que era posible contar una historia con mínimos recursos, aquí se recurre, con evidentes logros y cuidada ejecución, a mostrar el miedo y la desesperación del ser humano asentándose en un argumento lineal y limitado, pero excelentemente apuntalado y apostando por la contención y la evitación del exceso y la gratuidad.

jueves, diciembre 02, 2010

Skyline: Exterminando espectadores

Recuerdo cuando no hace mucho las películas con marcada tendencia a romper taquillas se anticipaban, en forma de pequeñas dosis o teasers, como se llaman ahora, con mucha antelación, a veces incluso un año antes de su estreno. Skyline parecía recuperar aquella tendencia cuando asistí al visionado de su teaser trailer, ya que ofrecía al espectador una típica historia de invasiones alienígenas apoyada, desvergonzadamente, en el uso y abuso de los efectos especiales, sembrando en éste un claro desconcierto pero a la vez una hipnótica sensación de atracción e interés ante tal misterioso film. Dos semanas después "Skyline" llega a las carteleras, rompiendo todos mis esquemas y confirmándome que esta película no contaba con excesivo respaldo  ni siquiera de su propia productora.

No es extraño que el personal técnico del mundo del cine se lance a la dirección, como tampoco que éstos actúen como habituales en segundas unidades de realización o incluso adjuntos al propio director en muchos filmes. Los hermanos Greg y Colin Strause, especialistas en efectos especiales, han demostrado su sobrada valía en este ámbito en títulos como "300", "El día de mañana" o "Terminator 3", las cuales, independientemente de su entidad cinematográfica, cumplían con sobrada solvencia en el apartado visual. Pero la dirección de un film requiere mucho más que una especialización aislada, y es ahí donde los hermanos Strause sacan a relucir sus carencias más flagrantes, en su incapacidad para ir más allá de lo que realmente dominan, logrando un producto no sólo desequilibrado o incompleto, sino absolutamente torpe, burdo y risible.

"Skyline" incumple cualquier norma básica y mínima de coherencia y racionalidad cinematográfica, comenzando por un estrepitoso plantemiento inicial, en el que todo avanza de forma gratuita e inexplicable, y donde los personajes (si se les puede llamar así) no despiertan ningún tipo de interés por el insuficiente, o nulo, perfil que los codirectores realizan, mostrando un consciente descuido en la progresión narrativa y una apuesta, casi a contracorriente, por la acción injustificada y el espectáculo de barraca de feria, que incluso deviene ridículo por su afán desprejuiciado de utilizar el papel de calco y apoderarse literalmente de los esquemas conceptuales de "La guerra de los mundos", "Monstruoso", "Independence day" e incluso "Terminator 2". El film carece de cualquier mínimo de rigor y de seriedad, tanto que se empecina en hacer creer al espectador que tiene un guión sobre el que se vertebra su supuesta historia, cuando éste no responde sino a sonrojantes líneas de diálogo e infames situaciones donde la supervivencia humana se torna en una sensación de rebeldía para el espectador, quien asiste estoicamente a un vacuo correpasillos de difícil digestión y arduo entendimiento. 

El cine de ciencia ficción no está atravesando su mejor época, y pocas son las excepciones que consiguen mantener sondado a un género del que han resultado generosos frutos. Quizás su mayor lastre no se limite exclusivamente a la escasez de ideas y al recurso constante en convencionalismos y clichés de género, sino en el descuido en el contenido y en la fijación por el mero envoltorio. Y eso es precisamente lo que pierde a "Skyline", lo que la convierte en un producto ya no del montón, sino insultante e incluso temerario para el coeficiente intelectual medio. La cinta de los hermanos Strause (recordemos que son los perpetradores de esa hez fílmica llamada Aliens vs Predator: Requiem) sólo acierta en su aspecto técnico visual, que tampoco logra hepatar al espectador por su falta de inspiración y originalidad, aunque cumple su cometido, pero es un disparate en todo lo demás, tanto a nivel narrativo como dramático, que logra aburrir en escasa hora y media de metraje, y que acumula sinsentido tras sinsentido hasta alcanzar el culmen de desvergüenza máxima en sus últimos cinco minutos, un verdadero desafío a la paciencia del espectador. Tan sólo dos cosas me impidieron abandonar la sala, el respeto que tengo hacia el cine (y que muchas veces no es correspondido) y la intensa lluvia que caía en el exterior. Candidata directa a peor película del año, y si me apuran, de la década.

jueves, noviembre 25, 2010

Entrelobos: Naturaleza viva

En tiempos donde la apuesta por lo seguro y la escasez de ideas campan a sus anchas, no deja de ser digno de aplauso y de merecido reconocimiento que existan propuestas alternativas, a contracorriente y que, aun a costa de sufrir varapalos económicos y rechazo de la masa social, dignifiquen el mal llamado séptimo arte. Gerardo Olivares, director hasta la fecha de proyectos tan interesantes como desconocidos para el gran público como "14 kilómetros" y "La gran final", se adentra en la historia (real) de Marcos Rodríguez Pantoja, quien, por avatares del destino que la película se encarga de desvelar detenidamente, se ve obligado a vivir en plena naturaleza sin más compañía que la de la fauna que la puebla y, en especial, los lobos, con quienes entablará una cercana relación de amistad. 

"Entrelobos" se mueve con sumo acierto entre el documental naturista y el drama costumbrista, adoptando un estilo reposado y contenido que potencia los elementos técnicos, tales como la fotografía y la planificación, en detrimento de un argumento que, aunque limitado, contiene los ingredientes mínimos necesarios para lograr la satisfacción del espectador. Sin duda los mayores logros de la cinta se concentran en la elegancia y la sutileza de su director a la hora de describir el período de adaptación del protagonista en un entorno que le es hostil y cruel, logrando una perfecta simbiosis entre el ser humano y el hábitat natural. A ello ayuda, y mucho, la eficaz música de Klaus Badelt, que subraya a la perfección los momentos más emotivos que consiguen la complicidad sentimental del espectador. No obstante, a pesar de su marcado carácter transgresor y diferenciador, son más que evidentes los síntomas de carencia narrativa y de propuesta discursiva que adolece el film, lo que la condena a cierto grado de estancamiento que conlleva el lucimiento formal y no tanto el puramente literario. A pesar de todo, "Entrelobos" se sigue con agrado, con momentos de arritmia narrativa y clara sensación de intermitencia e hieratismo dramático, pero ello no empaña un resultado global notable y con un claro mensaje crítico contra la irracionalidad humana.

La propuesta de Gerardo Olivares responde a su contrastado carácter crítico y contestatario, capaz de mostrar la dureza y la crueldad a través del lirismo audiovisual, y es precisamente lo que convierte a "Entrelobos" en una película soberbia desde el punto de vista del aprovechamiento de los recursos técnicos y de acentuación de la imagen como método expresivo, aunque no se pueda decir lo mismo de sus limitaciones de guión, muy bien ocultadas por una pericia reseñable en el manejo de la cámara. 

Cine distinto, gráfico y muy visual, de corta trascendencia , pero de un poder enigmático y onírico indiscutible que profundiza en la retina del espectador cansado de ver una y otra vez los mismos clichés de género. Aires renovados y talento al servicio de la técnica que contrastan con la necesidad de recurrir a la imagen de Juan José Ballesta como supuesto protagonista cuando no lo es realmente. La eterna confrontación entre la innovación y la aceptación social vuelve aquí a tomar forma en una cinta a reivindicar que, a pesar de sus notorias influencias ("El pequeño salvaje, "Tarzán", "Gorilas en la niebla" o "El libro de la selva" podrían ser claras fuentes de inspiración), adquiere autonomía propia y grita a viva voz la necesidad de un cine alejado de la alienación televisiva a la que se ve abocada la sociedad actual.

martes, noviembre 16, 2010

Scott Pilgrim contra el mundo: La vida es juego


Lo reconozco, me reí mucho con "Zombies party", a la que tengo un especial aprecio, y "Arma fatal", aunque por debajo de la mencionada vuelta de tuerca al género zombie, me reconcilió con la comedia, género éste en plena decadencia y flagrante maltrato en el actual panorama cinematográfico. Edward Wright ha demostrado con estas dos últimas propuestas ser un director capaz de extraer de los recovecos más convencionales y trillados puramente de género productos quizás de escaso calado entre el gran público, pero de merecido reconocimiento en circuitos minoritarios, los cuales dicen sentirse plenamente identificados con lo visto en pantalla. 

Por ello, "Scott Pilgrim contra el mundo" no podía partir de otra mente que no fuera de la de Wright, verdadero apasionado de la subcultura del cómic y de los videojuegos, ofreciendo una visión muy distorsionada y efectiva a la vez del concepto de comedia romántica juvenil que hemos venido adquiriendo a través de la experiencia cinematográfica. El film se apoya conscientemente en su apartado visual y estético, realizando un simpático y a la par nostálgico guiño a los videojuegos que cautivaron a una generación que ya ronda, si no supera, los treinta años. Por ello, no faltan las inserciones visuales de elementos arquetípicos del ocio de 8 bits, véase vidas extras, subidas de nivel, puntuaciones, barras de energía, que se combinan a la perfección con una ambientación heredera del cómic (no es casualidad asistir a constantes onomatopeyas gráficas, así como al uso de la split screen), logrando una potente y muy espectacular puesta escena, que no sólo realza estéticamente el producto sino que transmite la sonrisa al espectador, contagiado por un ataque de sentimentalismo del que no se puede desprender. A ello hay que añadirle el ritmo que Wright imprime a la película que, aunque acelerado, y especialmente en su primer tramo, responde a la narración propia de las viñetas, seca, directa y cortante, sin que su plasmación en pantalla, a pesar de resultar un tanto abrupta, desbarate el conjunto de la progresión narrativa.

No obstante, amen de la dificultad de poder empatizar con el film de aquellos que no gusten o desconozcan los temas de fondo y forma que plantea "Scott Pilgrim contra el mundo", es evidente que la fórmula, simpática y singular en sus cimientos, adolece de una lógica degradación a medida que avanza el metraje, no pudiendo sostener el interés una vez que la trama se ha deshojado por completo, pasando a ser a partir de su ecuador una briosa sucesión de combates bien coreografiados pero a los que se les evidencia en demasía su carácter autómata y complaciente. Bien es cierto que la labor de síntesis y de traslación de la vasta novela gráfica que sirve de inspiración al film ha sido ardua, pero desgraciadamente el exceso de compresión le ha pasado factura, y muy probablemente ello haya sido el causante de la linealidad y el tono monocorde que adopta su segunda mitad, sin caer en el ridículo, pero con clara sensación de no disponer de un as salvador en la manga.

Con todo, "Scott Pilgrim contra el mundo" es una propuesta alejada de los clichés de género de la comedia adolescente, estructurada y concebida a modo de fases de videojuego y que invita al espectador a un viaje por el universo pop y a disfrutar escuchando un disco de los Ramones y sentándose a los mandos de una olvidada NES. Para los que no compartan estas sanas aficiones, probablemente verán en la película unas altas de dosis de inmadurez e incapacidad social. Y tú, ¿juegas?